Nos ha dejado Ernesto Sabato. Ayer, sábado 30 de abril de 2011, cuando le faltaban sólo dos meses para cumplir
los 100 años, falleció don Ernesto Sabato. Había nacido en Rojas, provincia de Buenos Aires, en junio de 1911, justamente el mismo año en que habían nacido mi padre Sixto Alberto Roldán y también mi suegro, Estanislao Macko. Siempre admiré a Sabato. No sólo por su literatura sino quizás más aún por su personalidad. Un hombre humilde. Un hombre fuerte. Un hombre tenaz. Había estudiado ciencias. Se doctoró en física pero abandonó la ciencia en 1945 para dedicarse a la literatura y a la lucha por la justicia. Mis primeras lecturas de sus obras: El túnel, Sobre héroes y tumbas y Hombres y engranajes datan de la década de los años 1970. Pero una obra que impactó mucho fue Antes del fin. En ella, recoge sus memorias y nos deja una especie de testamento personal. En esa etapa de su vida, Sabato hace un racconto de su vida e intuye la cercanía Dios, justamente él que, en alguna etapa de su existencia había sido agnóstico. Dice, a modo de intuición:
“Hasta he llegado a pensar que si Dios existe, está enmascarado. Sí, escribo esto sobre todo para los adolescentes y jóvenes, pero también para los que, como yo, se acercan a la muerte, y se preguntan para qué y por qué hemos vivido y aguantado, solado, escrito, pintado, entre negativas a escribir estas páginas finales, lo estoy haciendo cuando mi yo más profundo, el más misterioso e irracional, me inclina a hacerlo. Quizás ayude a encontrar un sentido de trascendencia en este mundo pagado de horrores, de traiciones, de enviadas; desamparos, torturas y genocidios. Pero también de pájaros que levantan mi ánimo cuando oigo sus cantos, al amanecer; o cuando mi vieja gatita viene a recostarse sobre mis rodillas; o cuando veo el color de las flores, a veces tan minúsculas que hay que observarlas desde muy cerca. Modestísimos mensajes que la Divinidad nos da de su existencia.” (Antes del fin, Buenos Aires: Seix Barral, 1998, p. 14).
Lo que más me emocionó de Sabato, la fotografía que nunca olvidaré, la imagen indeleble, fue cuando él le entrega al presidente Raúl Ricardo Alfonsín, el libro del informe de la Conadep, Nunca más (con prólogo del propio Sabato, extrañamente modificado en los últimos años) resultado de la investigación que se hizo en la Argentina sobre la muerte y desaparición de personas durante la dictadura militar de los años 1970. Comisión en la que, bueno es recordarlo, trabajaron algunos pastores protestantes, especialmente el obispo metodista Carlos Gattinoni, a quien el presidente Alfonsín le guardaba siempre un gran aprecio.
Se nos fue Sabato. Una gloria de la literatura argentina y latinoamericana. Pero sobre todo un hombre cabal, íntegro, cuyo mensaje sigue vivo entre nosotros.
Alberto F. Roldán
Ramos Mejía, 1 de mayo de 2011
Este blog está destinado a dialogar sobre las relaciones entre teología, política y sociedad desde una perspectiva judeocristiana.
domingo, 1 de mayo de 2011
lunes, 18 de abril de 2011
Bonhoeffer, espiritualidad y acción cristianas. Leopoldo Cervantes-Ortiz
Hace algunas semanas causó cierta polémica en Estados Unidos una nota referente al libro de Eric Metaxas sobre el teólogo alemán Dietrich Bonhoeffer.
Se trata de Bonhoeffer: pastor, mártir, profeta, espía. Nashville, Thomas Nelson, 2010; y se produjo en el sentido de si éste podía ser considerado o no un creyente evangélico convencional, al más típico estilo del país norteamericano, es decir, caracterizado por ser una persona de convicciones bíblicas conservadoras, para decirlo de algún modo. Evidentemente, una controversia de este tipo solamente podía alborotar a la gente menos familiarizada con su trabajo teológico, reconocido de manera unánime en todo el ámbito cristiano e incluso fuera de éste.
En el artículo, titulado “Redimiendo a Bonhoeffer” (Christianity Today, 7 de febrero de 2011), Jason B. Hood cita una entrevista con Metaxas donde afirma: “Bonhoeffer se parece más a un evangélico conservador que a otra cosa. Era tan ortodoxo como San Pablo o Isaías” (Collin Hansen, “The authentic Bonhoeffer”, CT, julio de 2010).
Las reacciones de muchos lectores fueron extremas, pues oscilaron entre la total aceptación al rechazo sin matices, algo predecible en espacios poco dados a la interacción entre la fe y la teología, porque intentar re-clasificar a Bonhoeffer como “evangélico” sólo puede entenderse como parte de un proceso de reincorporación y aceptación para el gran público estadunidense, cuya valoración de ciertos teólogos/as, según parece, sigue siendo muy limitada a la hora de considerar su utilidad para su vida de fe y devoción. Y es que, más allá de las lecturas reduccionistas de otros tiempos en los que se le consideró casi como el “padre” de algunas expresiones de la llamada “teología de la muerte de Dios”, especialmente en Estados Unidos, hoy ya nadie es capaz de negar la importancia de su pensamiento, sobre todo porque se considera que lo respaldó con acciones muy concretas, particularmente su toma de partido en contra de la dictadura nazi y su colaboración en la conjura que intentó asesinar a Hitler, y que lo condujo al martirio pocos días antes del fin de la Segunda Guerra Mundial. Porque los mártires pueden ser populares, pero se vuelven incómodos cuando se habla de sus razones más profundas para la acción elegida.
Eso sucede mucho con Bonhoeffer, un teólogo cuya imagen liberal (e incluso neo-ortodoxa) se le indigesta a los lectores más conservadores o, al menos, de tendencia evangelical muy pronunciada, puesto que incluso estudiantes de teología o pastores con una formación más o menos sólida no saben qué hacer con su pensamiento a la hora de intentar trasladarlo a la realidad pastoral y eclesiástica. El precio de la gracia ha iluminado el compromiso con Jesucristo de una manera poco común, la Ética ha impulsado reflexiones muy sólidas y Resistencia y sumisión, las cartas desde la prisión, son una lección de teología intensa, cotidiana y pertinente. En América Latina, al menos, hace tiempo que se le considera una influencia sana y crítica para la teología protestante, especialmente a la hora de ver cómo Richard Shaull introdujo sus ideas y Julio de Santa Ana junto con Rubem Alves ensayaron los primeros esbozos de su aplicación práctica en los años del movimiento Iglesia y Sociedad en América Latina. Los varios textos que Santa Ana ha dedicado a comentar la influencia específica de Bonhoeffer en el continente son ya referencias obligatorias. En el libro clásico de Alves, Cristianismo: ¿opio o liberación? (1970, 1973) es notable cómo se refiere a la idea de la “polifonía de la vida”.
Mención aparte merece el homenaje que le dedicó el ISEDET en 1995 en las Cátedras Carnahan, una de cuyas expositoras fue Beatriz Melano, antigua estudiante de Paul Lehmann en Princeton, amigo personal de Bonhoeffer, mientras visitó Estados Unidos. En “La presencia de Bonhoeffer en América Latina”, se expresa así:
Lo que Paul Lehmann nos enseñó —en base a la ética de Bonhoeffer— fue no solamente hacer teología a partir del contexto, sino seguir una ética que no fuera normativa, sino contextual y relacionada con la cambiante realidad del mundo.
[…]
En nuestras marchas de protesta en forma activa y pacífica; en nuestra enseñanza teológica en relación al momento histórico en que vivíamos. Fue el ejemplo de Bonhoeffer a través de Lehmann, el que nos dio fe y valentía cuando la policía nos interrogó en nuestras casas, en la cárcel y revisó nuestras bibliotecas personales. Muchos fuimos acusados falsamente de ‘subversivos’ y ‘comunistas’” (Bonhoeffer: a 50 años de su ejecución por el tercer reich. Buenos Aires, ISEDET, 1998, pp. 17, 20, énfasis agregado).
Se trataba, es claro, de una “espiritualidad en acción” en medio de situaciones críticas, no sólo de especulaciones teóricas. Más recientemente, Luis Eduardo Cantero (“La influencia de Bonhoeffer en la teología latinoamericana”) y Alberto F. Roldán (“Dietrich Bonhoeffer: una teología para el mundo”) han indagado en la actualidad de Bonhoeffer de manera incisiva. De ahí que resulte tan novedosa la propuesta de Ron Klug, quien en 40 días con Dietrich Bonhoeffer (Santander, Sal Terrae, 2008) propone una lectura espiritual de sus textos mediante un acompañamiento casi místico. Las palabras-guía de dicho libro son elocuentes: “Dios ha de ser reconocido en medio de la vida, y no sólo en los límites de nuestras posibilidades. Dios quiere ser reconocido en la vida y no sólo en la muerte, en la salud y la fuerza y no sólo en el sufrimiento, en la acción y no sólo en el pecado”. Un buen lector puede sin problemas identificar esta perspectiva en un himno tan genuinamente evangélico como lo es “En medio de la vida”, del obispo metodista uruguayo-boliviano Mortimer Arias, también ya un clásico de la fe latinoamericana.
El itinerario propuesto de lectura de un teólogo tan brillante como Bonhoeffer ofrece una posibilidad distinta para experimentar una guía espiritual bastante ajena a las modas y los vaivenes de los best-sellers religiosos de turno, tan faltos de sustancia y hondura, tal como resume Klug: “En Bonhoeffer encontrarás una vigorosa, desafiante y nada sentimental llamada al seguimiento” (p. 11). Ahora que estamos a las puertas de una nueva celebración del martirio redentor de Jesús, sus palabras resuenan diáfanamente: “La gracia barata es la predicación del perdón sin arrepentimiento, el bautismo sin disciplina eclesiástica, la eucaristía sin confesión de los pecados, la absolución sin confesión personal. La gracia barata es la gracia sin seguimiento de Cristo, la gracia sin cruz, la gracia sin Jesucristo vivo y encarnado”.
México DF, 17 de abril de 2011
Agradezco públicamente a mi amigo Leopoldo Cervantes-Ortiz por la autorización para publicar esta excelente nota sobre Bonhoeffer.
Se trata de Bonhoeffer: pastor, mártir, profeta, espía. Nashville, Thomas Nelson, 2010; y se produjo en el sentido de si éste podía ser considerado o no un creyente evangélico convencional, al más típico estilo del país norteamericano, es decir, caracterizado por ser una persona de convicciones bíblicas conservadoras, para decirlo de algún modo. Evidentemente, una controversia de este tipo solamente podía alborotar a la gente menos familiarizada con su trabajo teológico, reconocido de manera unánime en todo el ámbito cristiano e incluso fuera de éste.
En el artículo, titulado “Redimiendo a Bonhoeffer” (Christianity Today, 7 de febrero de 2011), Jason B. Hood cita una entrevista con Metaxas donde afirma: “Bonhoeffer se parece más a un evangélico conservador que a otra cosa. Era tan ortodoxo como San Pablo o Isaías” (Collin Hansen, “The authentic Bonhoeffer”, CT, julio de 2010).
Las reacciones de muchos lectores fueron extremas, pues oscilaron entre la total aceptación al rechazo sin matices, algo predecible en espacios poco dados a la interacción entre la fe y la teología, porque intentar re-clasificar a Bonhoeffer como “evangélico” sólo puede entenderse como parte de un proceso de reincorporación y aceptación para el gran público estadunidense, cuya valoración de ciertos teólogos/as, según parece, sigue siendo muy limitada a la hora de considerar su utilidad para su vida de fe y devoción. Y es que, más allá de las lecturas reduccionistas de otros tiempos en los que se le consideró casi como el “padre” de algunas expresiones de la llamada “teología de la muerte de Dios”, especialmente en Estados Unidos, hoy ya nadie es capaz de negar la importancia de su pensamiento, sobre todo porque se considera que lo respaldó con acciones muy concretas, particularmente su toma de partido en contra de la dictadura nazi y su colaboración en la conjura que intentó asesinar a Hitler, y que lo condujo al martirio pocos días antes del fin de la Segunda Guerra Mundial. Porque los mártires pueden ser populares, pero se vuelven incómodos cuando se habla de sus razones más profundas para la acción elegida.
Eso sucede mucho con Bonhoeffer, un teólogo cuya imagen liberal (e incluso neo-ortodoxa) se le indigesta a los lectores más conservadores o, al menos, de tendencia evangelical muy pronunciada, puesto que incluso estudiantes de teología o pastores con una formación más o menos sólida no saben qué hacer con su pensamiento a la hora de intentar trasladarlo a la realidad pastoral y eclesiástica. El precio de la gracia ha iluminado el compromiso con Jesucristo de una manera poco común, la Ética ha impulsado reflexiones muy sólidas y Resistencia y sumisión, las cartas desde la prisión, son una lección de teología intensa, cotidiana y pertinente. En América Latina, al menos, hace tiempo que se le considera una influencia sana y crítica para la teología protestante, especialmente a la hora de ver cómo Richard Shaull introdujo sus ideas y Julio de Santa Ana junto con Rubem Alves ensayaron los primeros esbozos de su aplicación práctica en los años del movimiento Iglesia y Sociedad en América Latina. Los varios textos que Santa Ana ha dedicado a comentar la influencia específica de Bonhoeffer en el continente son ya referencias obligatorias. En el libro clásico de Alves, Cristianismo: ¿opio o liberación? (1970, 1973) es notable cómo se refiere a la idea de la “polifonía de la vida”.
Mención aparte merece el homenaje que le dedicó el ISEDET en 1995 en las Cátedras Carnahan, una de cuyas expositoras fue Beatriz Melano, antigua estudiante de Paul Lehmann en Princeton, amigo personal de Bonhoeffer, mientras visitó Estados Unidos. En “La presencia de Bonhoeffer en América Latina”, se expresa así:
Lo que Paul Lehmann nos enseñó —en base a la ética de Bonhoeffer— fue no solamente hacer teología a partir del contexto, sino seguir una ética que no fuera normativa, sino contextual y relacionada con la cambiante realidad del mundo.
[…]
En nuestras marchas de protesta en forma activa y pacífica; en nuestra enseñanza teológica en relación al momento histórico en que vivíamos. Fue el ejemplo de Bonhoeffer a través de Lehmann, el que nos dio fe y valentía cuando la policía nos interrogó en nuestras casas, en la cárcel y revisó nuestras bibliotecas personales. Muchos fuimos acusados falsamente de ‘subversivos’ y ‘comunistas’” (Bonhoeffer: a 50 años de su ejecución por el tercer reich. Buenos Aires, ISEDET, 1998, pp. 17, 20, énfasis agregado).
Se trataba, es claro, de una “espiritualidad en acción” en medio de situaciones críticas, no sólo de especulaciones teóricas. Más recientemente, Luis Eduardo Cantero (“La influencia de Bonhoeffer en la teología latinoamericana”) y Alberto F. Roldán (“Dietrich Bonhoeffer: una teología para el mundo”) han indagado en la actualidad de Bonhoeffer de manera incisiva. De ahí que resulte tan novedosa la propuesta de Ron Klug, quien en 40 días con Dietrich Bonhoeffer (Santander, Sal Terrae, 2008) propone una lectura espiritual de sus textos mediante un acompañamiento casi místico. Las palabras-guía de dicho libro son elocuentes: “Dios ha de ser reconocido en medio de la vida, y no sólo en los límites de nuestras posibilidades. Dios quiere ser reconocido en la vida y no sólo en la muerte, en la salud y la fuerza y no sólo en el sufrimiento, en la acción y no sólo en el pecado”. Un buen lector puede sin problemas identificar esta perspectiva en un himno tan genuinamente evangélico como lo es “En medio de la vida”, del obispo metodista uruguayo-boliviano Mortimer Arias, también ya un clásico de la fe latinoamericana.
El itinerario propuesto de lectura de un teólogo tan brillante como Bonhoeffer ofrece una posibilidad distinta para experimentar una guía espiritual bastante ajena a las modas y los vaivenes de los best-sellers religiosos de turno, tan faltos de sustancia y hondura, tal como resume Klug: “En Bonhoeffer encontrarás una vigorosa, desafiante y nada sentimental llamada al seguimiento” (p. 11). Ahora que estamos a las puertas de una nueva celebración del martirio redentor de Jesús, sus palabras resuenan diáfanamente: “La gracia barata es la predicación del perdón sin arrepentimiento, el bautismo sin disciplina eclesiástica, la eucaristía sin confesión de los pecados, la absolución sin confesión personal. La gracia barata es la gracia sin seguimiento de Cristo, la gracia sin cruz, la gracia sin Jesucristo vivo y encarnado”.
México DF, 17 de abril de 2011
Agradezco públicamente a mi amigo Leopoldo Cervantes-Ortiz por la autorización para publicar esta excelente nota sobre Bonhoeffer.
jueves, 7 de abril de 2011
Reinhold Niebuhr: teólogo del realismo cristiano
Reinhold Niebuhr fue uno de los pensadores americanos de mayor influencia dentro del campo teológico. Nació en la ciudad de Wright, Missouri, el 21 de junio de 1892, dos años antes que su hermano Helmult Richard Niebuhr, también un notable teólogo que dejara un legado importante para el pensamiento cristiano en obras como: Christ and Culture y The Social Sources of Denominationalism. El padre de ambos fue un inmigrante alemán que se desempeñó como pastor en una Iglesia luterana de habla alemana. Reinhold estudió en Elmhurst College y Eden Theological Seminary –escuelas luteranas– continuando estudios en la Divinity School de la Universidad de Yale.
Un momento importante de su vida ocurrió en 1915 cuando se hizo cargo del pastorado de la Iglesia Evangélica Bethel de Detroit, Michigan. Comenta Howard Patton que fue en Detroit donde Reinhold descubrió el verdadero costo de la industrialización: deshumanización de los obreros, tensiones nerviosas, desempleo sin compensación, cuerpos quebrados, condiciones inhumanas de las fábricas automotrices. (“Reinhold Niebuhr by Howard G. Patton, A Symposium by Five Women on the Seminary Campus). Como fruto de esa experiencia en Detroit, Reinhold escribió una de sus obras más notables: Moral Man in Immoral Society, de la cual hay una versión en castellano publicada en Buenos Aires por editorial siglo XX bajo el título El hombre moral en la sociedad inmoral (Buenos Aires, Editorial Siglo XX, 1966). Un análisis somero de esa obra puede verse en revista Teología y cultura, www.teologos.com.ar
La tesis de ese libro, por su densidad, claridad y propuesta, merece ser citada in extenso:
“La tesis a desarrollar en esta obra es la de que debe trazarse una aguda distinción entre la conducta social y moral de los individuos y las de los grupos sociales, nacionales, raciales y económicos; y que esta distinción justifica y hace necesarias normas políticas que una ética puramente individualista debe siempre encontrar embarazosas.” (p. 9 de la versión en castellano).
Lo caracterizó la teología de Reinhold Niebuhr –más allá de su reticencia a ser considerado “teólogo”– fue su realismo cristiano. En oposición al liberalismo teológico y a ortodoxia teológica, Reinhold propuso un “realismo cristiano” consistente por lo menos en dos aspectos: su rechazo al perfeccionismo cristiano, pues consideraba que el cristiano sigue siendo pecador pese a sus esfuerzos por superar esa limitación. Y, también, realismo en sentido de criticar la tendencia de los grupos sociales por mantener sus privilegios, situación que sólo se puede sortear mediante la apelación a la justicia y a normas políticas concretas. Por eso, apeló a que al agape cristiano se agregue la justicia social. (Op. Cit., p. 67). En imagen rotunda y realista, decía Niebuhr a modo de conclusión: “No podemos construir nuestras escaleras individuales al cielo, y dejar irredenta de sus excesos y corrupciones a la totalidad de la empresa humana.” (Ibid., p. 247). El mensaje de este moderno profeta cristiano –fallecido en 1971– todavía es vigente en un mundo signado por la injusticia que se practica tanto en ámbitos religiosos como seculares. Es, también, un llamado de atención para cristianos y cristianas que sostienen con un optimismo digno de mejor causa que “convertirse a Cristo” significa superar todos los problemas sociales que atraviesan la historia humana.
lunes, 28 de marzo de 2011
Falleció el teólogo José Comblin, pionero de la teologia de la liberación
El pasado 27 de marzo falleció en la ciudad de Simoes Filho el teólogo José Comblin. Nacido en Bruselas en 1923, Comblin obtuvo su doctorado en teología en la Universidad Católica de Lovaina en 1953. Cinco años después se radicó en América Latina residiendo en distintos períodos en Brasil, Chile y Ecuador. Fue uno de los pioneros de la teología de la liberación produciendo textos importantes en los cuales siempre formulaba severas críticas a los regímenes dictatoriales en América Latina, en especial a la tesis de la “Seguridad nacional” que justificaba las dictaduras.
Entre sus muchas obras podemos mencionar:
La resurrección de Jesucristo (1962)
José, el clamor de los oprimidos, el clamor de Jesús (1986)
Vocación a la libertad (1999)
Neoliberalismo, Ideología dominante en el cambio de siglo (2002)
Jesús de Nazaret (1974)
En una entrevista que le realizaron en 2008, Comblin expresaba su esperanza en estos términos:
“La nueva sociedad que predomina en Occidente y se expande por el mundo entero no va a desaparecer. Un día los cristianos reconocerán que es inútil esperar la muerte de esta sociedad. La Iglesia va a tener que reconocer sus valores y entrar en diálogo.” (“Conversaciones con José Comblin, Iglesia viva). Desde esta página, nuestro recuerdo agradecido a la obra que Comblin nos ha dejado como legado, y nuestro deseo de que su esperanza pueda materializarse en un futuro cercano.
jueves, 17 de marzo de 2011
¿La catástrofe de Japón es el Apocalipsis?
La terrible catástrofe sufrida hace pocos días atrás en Japón, terremoto y tsunami, ha suscitado las más diversas hipótesis e interpretaciones. Desde Europa se dijo que esto era el Apocalipsis? ¿Será así? Es bueno que recordemos algunos conceptos clave en torno al término Apocalipsis y sus relaciones con adjetivos como “apocalíptico”. Etimológicamente, este término griego significa “revelación”, es decir, “correr un velo que oculta una realidad”. La literatura apocalíptica surge en el judaísmo intertestamentario (alrededor de dos siglos a. C.) en tiempos de persecución y abunda en imágenes y símbolos cifrados, que no pueden ser fácilmente interpretados por los no iniciados en ese lenguaje. En la Biblia hay dos libros apocalípticos, el de Daniel y el denominado, precisamente: “Apocalipsis de Juan”. En ambos hay abundante mención de números, bestias, batallas, dragones, copas de ira, fuego, azufre y elementos mitológicos que evocan, de alguna manera, la milenaria batalla entre el Bien y el Mal. El Apocalipsis bíblico comienza con las palabras: “Esta es la revelación (Apocalipsis) de Jesucristo que Dios le dio para mostrar a sus siervos lo que sin demora tiene que suceder… ” (Ap. 1.1 NVI). De modo que, a partir de este dato inicial, podemos pensar que el Apocalipsis no es tanto mostrar cómo será el fin del mundo, sino la revelación del Cristo victorioso sobre las fuerzas del mal, llámense “dragón”, “serpiente antigua”, “satanás” o “falso profeta”. Es fácil entender, sin embargo, que como el Apocalipsis en muchos de sus tramos presenta la lucha entre el Bien y el Mal, con derramamiento de sangre y muerte, “siete copas de ira” y siete “plagas”, lo apocalíptico se haya asociado casi exclusivamente a muerte, guerra, terror y fin del mundo. Pero en todo caso y, más allá de los elementos predictivos que el Apocalipsis contenga, una cosa es cierta: sus primeros destinatarios experimentaban una cruel persecución y muerte por parte del Imperio Romano (denominado en el libro como “Babilonia”) y el mensaje del libro era animar a los cristianos y cristianas que eran perseguidos por el sistema. Ese era su mensaje y su propósito primigenio. Sus lecturas, por supuesto, son de las más variadas y cubren un amplio abanico entre lo rigurosamente histórico hasta lo meramente simbólico.
Que hay un fin del mundo no hay duda alguna a partir de los datos de la Biblia. Pero nunca sabemos cuándo y cómo será exactamente ese fin. Sólo tenemos algún dato que nos dice que “los cielos desaparecerán con un estruendo espantoso, los elementos serán destruidos por el fuego, y la tierra, con todo lo que hay en ella, será quemada.” (2 Pedro 3.10). Por lo tanto, a lo que se nos insta es a vivir bajo la perspectiva de la venida gloriosa de Jesucristo que inaugurará el nuevo mundo conocido como “Reino de Dios”. Los acontecimientos como terremotos, tsunami, temblores y fenómenos análogos, muestran la fragilidad de nuestro mundo y, por ende, de nosotros mismos. Deben suscitar la oración y la acción a favor de sus víctimas antes que especular si esto es el Apocalipsis bíblico.
Alberto F. Roldán
Ramos Mejía, 17 de marzo de 2011
Obama visitará la tumba del mártir Arnulfo Romero en El Salvador
La noticia ha sido difundida por la agencia ALC y, en sus tramos centrales, indica que
el presidente de Estados Unidos Barack Obama visitará tumba del pastor y mártir Oscar Arnulfo Romero, durante su visita a El Salvador entre los días 22 y 23 de marzo próximo.
El presidente Obama sería el segundo mandatario extranjero que "presenta sus respetos" a Romero, luego que el año pasado lo hizo el entonces presidente brasileño, Luis Ignacio Lula Da Silva.
El próximo 24 de marzo se cumple el aniversarios 31 del martirio del arzobispo Romero, quien fuera asesinado por un Escuadrón de la Muerte, mientras celebraba misa en la capilla de un hospital de enfermos terminales. Romero es considerado un icono salvadoreño, defensor de los derechos humanos y de los sectores empobrecidos.
El obispo Arnulfo Romero fue ordenado al sacerdocio católico en 1942 y consagrado obispo en 1970. El teólogo reformado Jürgen Moltmann exalta la figura de Romero como un mártir moderno por la causa de Jesús y de los pobres. Hasta sus 59 años, Romero fue un clérigo conservador pero el 12 de marzo de 1977, cuando fue asesinado el primer sacerdote en El Salvador, Romero experimentó una conversión en el sentido de la relación entre la persecución y la Iglesia y la opresión del pueblo. Por eso, “se mezcló con el pueblo” y se convirtió en “obispo del pueblo”. Dice Moltmann:
“En el gemido y el grito de los pobres Romero oía el Evangelio del venidero Reino de Dios. Él fue “evangelizado” por los pobres. La catedral de San Salvador se transformó en un lugar de liturgia y de huelga de hambre, un hospital para los heridos y despedida de tantos muertos del pueblo. Apoyó a las “organizaciones populares” de los trabajadores rurales, de los agricultores y los operarios. Veía en el “proyecto popular” una solución de los problemas de su país. Y con ello entró en conflicto político. El arzobispo Romero fue fusilado delante del altar de su iglesia, durante la misa, por un asesino contratado.” (O Caminho de Jesus Cristo, Petrópolis: Vozes, 1993, p. 275. La terrible escena puede verse en el film Romero). La próxima visita del presidente Obama a la tumba de este moderno mártir cristiano es todo un símbolo de reconocimiento a la figura de un cristiano que se jugó por el Reino de Dios y su justicia en un mundo signado por las desigualdades y la marginación.
Alberto F. Roldán
Ramos Mejía, 17 de marzo de 2011
sábado, 5 de febrero de 2011
La verdad no puede ser silenciada por decreto
La Agencia de Noticias Prensa Ecuménica, ha difundido en los últimos días las entrevistas a dos teólogos de reconocida trayectoria mundial y que, curiosamente o no, fueron silenciados por Joseph Ratzinger. Se trata del suizo Hans Küng y del brasileño Leonardo Boff. En reciente visita a España para recibir un doctorado honoris causa por la Universidad a Distancia (UNED), Küng recordó su relación con Ratzinger: "Yo terminaría perdiendo en 1979 la venia docendi eclesiástica, aunque continué impartiendo docencia. Él, en cambio, se convirtió en Papa, volviéndose, por cierto, cada vez más falible.” También dijo que "la Iglesia quiere dominar", de tal modo que "la llamada reevangelización es en realidad una rerromanización", una vuelta a la primacía del Vaticano frente a cualquier otra opción.
"Sería mejor una Iglesia más modesta, que escucha, que es sensible para todo aquello que la gente piensa", declaró Küng y afirmó que en la época del Concilio Vaticano II existía la impresión de que la Iglesia quería ayudar a la gente, escucharla y servirla, pero ahora se piensa que quiere "dominar". (PE)
Por su parte Leonardo Boff, una de las voces más claras de la Teología de la Liberación, definió su posición citando las palabras del poeta argentino Atahualpa Yupanqui:
“La voz no la necesito, sé cantar hasta en silencio”.
En 1984, luego de tratar de adaptar las “intuiciones de la Teología de la Liberación a las relaciones internas de la Iglesia”, Leonardo Boff fue sometido a un proceso en el Vaticano. “No le agradó a Roma; me llamaron para justificarme y luego punirme con la imposición de silencio.”
Preguntado por el aporte actual de la Teología de la liberación al problema ecológico, dijo Boff:
-La Teología de la Liberación nació escuchando el grito de los oprimidos, los pobres y, lentamente, ha descubierto que la Tierra también grita por una devastación sistemática del sistema actual económico; ahí surge una Ecoteología de la Liberación. Con el
-Hoy estoy más angustiado que ayer, porque las crisis han llevado a la humanidad al borde de un abismo: en dos años la crisis económico-financiera ha aumentado en más de cien millones el número de pobres. El consumo humano superó un 30 por ciento más de lo que la Tierra puede reponer: hay que fijar un límite a la forma de producir y consumir, porque la Tierra cada vez está más debilitada, y no alcanza a mantener su sustentabilidad. Empezó el tiempo del mundo finito: los recursos son finitos y el futuro no es infinito, porque si quisiéramos universalizar los bienes que tienen los países ricos para toda la humanidad necesitaríamos por lo menos tres Tierras igual a ésta, lo que es absurdo.
Finalmente, a la pregunta: ¿Cuál es la relación que tiene usted con Benedicto XVI?, respondió Boff:
“Como teólogo, Benedicto XVI era amigo mío. Después caminamos por rumbos diferentes. Creo que el Vaticano cometió una equivocación terrible, porque pensaba que la gran amenaza de América Latina era el marxismo, cuando la gran amenaza siempre fue el capitalismo salvaje, que produce pobreza y miseria. El marxismo nunca fue un riesgo concreto. Ellos imaginaban que todo sería como Cuba, y por instinto de defensa, no quieren que la religión sea perseguida, pero el pueblo latinoamericano es muy religioso y místico. Esa equivocación la sostiene como si viviéramos en tiempos de la guerra fría. Por eso la Iglesia debe renovar sus informaciones. Les conviene mantener teólogos que quieran cambios, no sólo en la sociedad, sino también en la Iglesia, porque es una estructura muy autoritaria, muy cerrada, que encubre crímenes y pecados, como la pedofilia. Eso es intolerable.”
Las declaraciones y posicionamientos de Hans Küng y Leonardo Boff ponen de manifiesto dos hechos: en primer lugar, que la jerarquía eclesial no siempre logra silenciar a voces disonantes y, segundo, que tanto Küng como Boff encarnan hoy la búsqueda por una teología a favor de la vida y en contra de la muerte en todas sus formas. También demuestran que la verdad no puede ser silenciada por decreto.
Alberto F. Roldán
Buenos Aires, 5 de febrero de 2011
Los datos son consignados con autorización de:
Agencia de Noticias Prensa Ecuménica
PreNot 9329 y 9330
110201
www.ecupres.com.ar
"Sería mejor una Iglesia más modesta, que escucha, que es sensible para todo aquello que la gente piensa", declaró Küng y afirmó que en la época del Concilio Vaticano II existía la impresión de que la Iglesia quería ayudar a la gente, escucharla y servirla, pero ahora se piensa que quiere "dominar". (PE)
Por su parte Leonardo Boff, una de las voces más claras de la Teología de la Liberación, definió su posición citando las palabras del poeta argentino Atahualpa Yupanqui:
“La voz no la necesito, sé cantar hasta en silencio”.
En 1984, luego de tratar de adaptar las “intuiciones de la Teología de la Liberación a las relaciones internas de la Iglesia”, Leonardo Boff fue sometido a un proceso en el Vaticano. “No le agradó a Roma; me llamaron para justificarme y luego punirme con la imposición de silencio.”
Preguntado por el aporte actual de la Teología de la liberación al problema ecológico, dijo Boff:
-La Teología de la Liberación nació escuchando el grito de los oprimidos, los pobres y, lentamente, ha descubierto que la Tierra también grita por una devastación sistemática del sistema actual económico; ahí surge una Ecoteología de la Liberación. Con el
-Hoy estoy más angustiado que ayer, porque las crisis han llevado a la humanidad al borde de un abismo: en dos años la crisis económico-financiera ha aumentado en más de cien millones el número de pobres. El consumo humano superó un 30 por ciento más de lo que la Tierra puede reponer: hay que fijar un límite a la forma de producir y consumir, porque la Tierra cada vez está más debilitada, y no alcanza a mantener su sustentabilidad. Empezó el tiempo del mundo finito: los recursos son finitos y el futuro no es infinito, porque si quisiéramos universalizar los bienes que tienen los países ricos para toda la humanidad necesitaríamos por lo menos tres Tierras igual a ésta, lo que es absurdo.
Finalmente, a la pregunta: ¿Cuál es la relación que tiene usted con Benedicto XVI?, respondió Boff:
“Como teólogo, Benedicto XVI era amigo mío. Después caminamos por rumbos diferentes. Creo que el Vaticano cometió una equivocación terrible, porque pensaba que la gran amenaza de América Latina era el marxismo, cuando la gran amenaza siempre fue el capitalismo salvaje, que produce pobreza y miseria. El marxismo nunca fue un riesgo concreto. Ellos imaginaban que todo sería como Cuba, y por instinto de defensa, no quieren que la religión sea perseguida, pero el pueblo latinoamericano es muy religioso y místico. Esa equivocación la sostiene como si viviéramos en tiempos de la guerra fría. Por eso la Iglesia debe renovar sus informaciones. Les conviene mantener teólogos que quieran cambios, no sólo en la sociedad, sino también en la Iglesia, porque es una estructura muy autoritaria, muy cerrada, que encubre crímenes y pecados, como la pedofilia. Eso es intolerable.”
Las declaraciones y posicionamientos de Hans Küng y Leonardo Boff ponen de manifiesto dos hechos: en primer lugar, que la jerarquía eclesial no siempre logra silenciar a voces disonantes y, segundo, que tanto Küng como Boff encarnan hoy la búsqueda por una teología a favor de la vida y en contra de la muerte en todas sus formas. También demuestran que la verdad no puede ser silenciada por decreto.
Alberto F. Roldán
Buenos Aires, 5 de febrero de 2011
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