Este blog está destinado a dialogar sobre las relaciones entre teología, política y sociedad desde una perspectiva judeocristiana.
miércoles, 3 de agosto de 2011
Conferencia de Giacomo Marramao en Buenos Aires
El 2 de agosto pasado, el filósofo Giacomo Marramao ofreció una conferencia magistral titulada “Globalización y democracia: definiendo la agenda del siglo XXI”. La misma se desarrolló en la sede de la facultad de Ciencias Sociales de la UBA, sita en Santiago del Estero 1029, de la ciudad de Buenos Aires.
El pensador italiano, nacido en Catanzaro en 1946, es catedrático de filosofía política en la Universidad de Roma III. Realizó estudios en Italia y Alemania. Particularmente, ponderamos su obra por el aporte a temas como la secularización, la globalización y el tiempo. Sobre esto último, afirmó que la historia es contingente y no lineal y que, citando a Octavio Paz, “Occidente no sólo colonizó el espacio territorial sino también el tiempo.” Y agregó: “El futuro, ahora, no tiene más potencia simbólica.”
También dijo que con el proceso de secularización la promesa de Occidente se ha transformado en una amenaza de destrucción. Para Marramao, la globalización no es un fenómeno unitario en el sentido de tener una lógica única sino que más bien es “bi-lógica” en la cual el mercado financiero tiene un lugar preponderante.
En la parte final de su disertación, el filósofo italiano distinguió entre el populismo, ilustrado claramente por el peronismo y el “neo-populismo” de hoy, que es mediático, ya que las personas no son sujetos activos del mismo sino sólo espectadores.
En una breve charla que pude mantener con el expositor, le agradecí sus aportes decisivos al tema de la secularización. Por caso, en su libro Cielo y tierra. Genealogía de la secularización, y su reflexión sobre la teología dialéctica. Obra en la que, al exponer la secularización, dice: “En las reflexiones desarrolladas por Barth y Gogarten durante este período (se refiere a los años 1920), el concepto de secularización viene a constituir el indicador de una creciente conexión histórica entre religión y cultura: de un progresivo ‘historizarse’ y ‘mundanizarse” de la religiosidad. A su juicio, el papel de una teología dialéctica consiste sobre todo en asumir tal resultado, pero también en cumplir un ulterior y más radical paso, poniendo el acontecimiento de la fe más allá de este nexo. La ‘secularización’ expresa una realidad incontrovertible –y, como tal, debe ser legitimada.” (Cielo y tierra, Barcelona: Paidós, 1998, p. 82).
Otras obras de Marramao en castellano son: Pasaje a Occidente. Filosofía y globalización (Buenos Aires: Katz, 2006) y Kairós. Apología del tiempo oportuno, Barcelona: Gedisa, 2008.
Alberto F. Roldán
Buenos Aires, 3 de agosto de 2011
viernes, 8 de julio de 2011
Caricaturas de la teología de la liberación - Alberto F. Roldán
Rubem Alves - Teólogo brasileño (ISAL)
Gustavo Gutiérrez - Peruano. Teologia de la Liberación.
Todos sabemos lo que es una caricatura. Es un dibujo en el cual se exageran los rasgos característicos de una persona. De ese modo, si el sujeto en cuestión tiene una nariz grande, se la extiende para que aparezca como “narigón”. Lo mismo se hace si tiene una cabeza grande o un mentón grande. Algunas caricaturas son graciosas y tienen la capacidad de que el observador apenas las ve, identifica claramente de quien se trata, más allá de que lejos están de ser “fotografías” de las personas que representan. La palabra “caricatura” procede el italiano caricare y significa “exagerar”. Aunque creativas, las caricaturas terminan por distorsionar los rasgos del personaje en cuestión.
Las caricaturas no se aplican sólo a dibujos. También se aplican al lenguaje, sobre todo cuando quienes escriben sobre un tema en particular, en lugar de investigar antes, se hacen eco de frases hechas y lugares comunes. El fenómeno se puede aplicar a la teología de la liberación. Siendo un movimiento teológico latinoamericano que tuvo su génesis “oficial” en el Celam II (Medellín, 1968), hunde sus raíces en otro espacio teológico denominado ISAL (Iglesia y sociedad en América Latina, 1961). Mientras la teología de la liberación está asociada a teólogos de la Iglesia católica romana (Gustavo Gutiérrez, Leonardo y Clodovis Boff, Jon Sobrino, Juan Luis Segundo, entre otros) ISAL fue un espacio de teólogos protestantes (Richard Shaull, Rubém Alves, José Míguez Bonino, Emilio Castro, entre otros) que reflexionaron sobre los rápidos cambios sociales que se operaban en el mundo de la posguerra y las revoluciones sociales y políticas de los años 1960. Aunque ISAL fue pionera en estas cuestiones, por razones que no viene al caso mencionar aquí, no tuvo el desarrollo e impacto que alcanzó la teología de la liberación surgida en el seno del catolicismo latinoamericano.
Desde los sectores conservadores y fundamentalistas de las iglesias de América Latina (en la que debemos ubicar tanto a católico-romanos como evangélicos) a lo largo del desarrollo de la teología de la liberación se fueron acuñando expresiones descalificadoras de esa teología. Es preciso, entonces, encarar una especie de “desmitificación” de esas caricaturas. Dado el limitado especio de este artículo, me permito señalar sólo tres de ellas.
Primera caricatura (ideológica): “La teología de la liberación es marxismo y, como tal, niega a Dios e insta a la lucha armada.” En esta caricatura se mezcla algo de verdad con mucha mentira. En efecto, los teólogos de la liberación hacen uso consciente del marxismo como instrumental socioanalítico para elaborar su teología. Entendían que el marxismo representaba el marco teórico más idóneo para repensar el mensaje cristiano en la situación latinoamericana. Pero siempre distinguieron entre los aspectos metafísicos del marxismo y su valor como instrumental para analizar la sociedad y la política latinoamericanas. En su agudo análisis de la teología de la liberación que encara Míguez Bonino en La fe en busca de eficacia, el teólogo metodista argentino evalúa el tema del uso del marxismo. Algunos, admite, conciben el materialismo dialéctico e histórico “como una suerte de teoría metafísica, una formulación filosófica absoluta a la que se transfiere una especie de ciega adhesión como la que se pretendía para el dogma teológico.”1 Pero no es esa, precisamente, la tónica que dominó en las producciones de la teología de la liberación. Gutiérrez, por caso, tanto en su Teología de la liberación como en su tesis-defensa realizada en Bélgica en ocasión del otorgamiento del doctorado en teología, separó muy bien los campos: el de la teología como mediación hermenéutica y el de las ciencias sociales como mediación socioanalítica. Lo mismo planteó Clodovis Boff en su obra Teología de lo político, sus mediaciones. Por otra parte, como bien señaló Gutiérrez en su defensa, nunca estuvo en el pensamiento y en la intención de los teólogos de la liberación instar a la lucha de clases y, por ende, a la lucha armada, sino que más bien la lucha de clases era un indicativo más que un imperativo que se podía percibir en la historia de América latina.
Por otra parte, la caricatura ideológica que se hace de la teología de la liberación no toma en cuenta el contexto en que siempre se gesta una teología que responda a situaciones históricas concretas. Sus críticos, parten del supuesto errado de que es posible hacer teología desde un ámbito carente de ideologías. A este respecto, es oportuno recordar el sesudo trabajo de Juan Luis Segundo “Las ideologías y la fe”2 en el que, luego de analizar el concepto de ideología en relación a la fe, concluye en que ésta última “no consiste, pues, en la adhesión intelectual a un cierto contenido revelado como solución definitiva para problemas teóricos y prácticos”3 sino que es “la madurez para las ideologías, es la posibilidad de desempeñar plena y conscientemente el cometido ideológico del que depende la liberación real de los hombres.”4 Por su parte el ya citado Míguez Bonino critica esa pretendida “objetividad” carente de ideologías en las teologías occidentales señalando:
Basta una lectura somera de la historia de la interpretación en la teología europea, por ejemplo a partir del siglo XVIII, para desvanecer toda duda al respecto. Las exégesis “científicas”, “históricas” y “objetivas” se revelan plenas de presupuestos ideológicos.”5
Muchas de las teologías que se leen en América latina y que son forjadas en el Nordatlántico son expresiones de las más enérgicas ideologías pese a que se presenten como “evangélicas” y “bíblicas” ya que defienden las guerras (incluyendo las “preventivas”) la segregación racial y el dominio de las superpotencias sobre los pueblos débiles. Es aquello que Noam Chomski denomina creativamente “Estados canallas”. En otras palabras: no se trata de que la teología de la liberación sea “ideológica” mientras las teologías “evangélicas” son “bíblicas”, sino que las unas y las otras son portadoras de ideologías, sólo que de distinto signo.6
Segunda caricatura (teológica): “La teología de la liberación reduce el mensaje cristiano a agendas socioeconómicas y políticas.” En este caso estamos ante una caricatura teológica porque acusa a la teología de la liberación de reducir el mensaje cristiano a lo socioeconómico y político. A contrario sensu se podría decir que la realidad es exactamente al revés de lo que se argumenta. Una lectura somera de las obras sistemáticas de Leonardo Boff, Gustavo Gutiérrez, Jon Sobrino y Juan Luis Segundo, muestran que la producción de estos teólogos latinoamericanos dista de ser un reduccionismo como se pretende. Han abordado la totalidad de los temas de la teología sistemática cristiana: Dios, trinidad, cristología, antropología, soteriología, pneumatología, eclesiología y escatología. No hay tal cosa como un reduccionismo socioeconómico y político que desplace los temas clásicos de la teología. Tomando un tema en particular, la cristología, el aporte de la teología de la liberación ha sido decisivo en varios aspectos: uno, en recuperar la dimensión humana e histórica de Jesús de Nazaret7 aspecto eclipsado por cristologías trascendentes y docetas que subrayan lo divino de Jesucristo en detrimento de su dimensión humana e histórica; en segundo lugar, la teología de la liberación pone al descubierto los resortes políticos e ideológicos que condujeron a Jesús a la cruz, llámense el establishment religioso de los fariseos y maestros de la ley y los poderes políticos del Imperio Romano: Herodes, Poncio Pilatos, etc. En tercer lugar, la teología de la liberación, en lugar de reducir el significado de la “salvación” en términos de liberación, amplía el concepto hacia alcances sociales y políticos sin negar las dimensiones espirituales. A partir del paradigma del “éxodo”, central en la narrativa bíblica, la teología de la liberación va más allá de una mera “salvación del alma” o de la persona o de las familias para reflexionar sobre las dimensiones sociales del pecado, lo que Gutiérrez llama “jamartiósfera” (pecado estructural) y del que ya hablaron los profetas de Israel cuando señalaban la opresión de los ricos sobre los pobres. Toma conciencia, también, del mensaje y de la praxis de Jesús de Nazaret en su reivindicación de los pobres “en espíritu” y “pobres desclasados”.
Tercera caricatura (eclesiológica): “Los teólogos de la liberación optaron por los pobres y los pobres optaron por los pentecostales.” Esta tercera caricatura acaso mezcle lo teórico-reflexivo con lo eclesiológico-empírico. Habría que preguntarse ¿en qué sentido los pobres optaron por los pentecostales? Toda opción es el resultado de un conocimiento previo de aquello por lo que se opta y, en este caso, es dudoso que los pobres considerados como un colectivo social hayan conocido la teología de la liberación con cierta profundidad como para rechazarla y, en consecuencia, optar después por los pentecostales. Esto, dicho sin ningún tenor peyorativo hacia una expresión del evangelicalismo que ha tenido un crecimiento notable en América Latina. Pero si de crecimiento numérico se trata, no creo que haya estado en la mente de los teólogos de la liberación ese tema en el sentido de la sumatoria de convertidos a la fe del Evangelio y la creación de megaiglesias para impactar al mundo. La opción por los pobres fue un concepto derivado del Evangelio y tiene fundamento nada más y nada menos que en las palabras de Jesús: “Dichosos ustedes los pobres, porque el reino de Dios les pertenece” (Lc. 6.20 NVI); “a los pobres se les anuncian las buenas nuevas” (Lc. 7.22); “El Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido para buenas nuevas a los pobres” (Lc. 4.18). Los pobres son tanto objeto como sujeto de la liberación que opera Dios en Jesucristo.8 Cuando se critica a la teología de la liberación por un supuesto “fracaso” en sus predicciones o en su papel liberador, habría que recordar que se está confundiendo lo teórico con lo empírico. Si la missio Dei consiste en aumentar el número de miembros de iglesias a los cuales no hay que enseñar la palabra de Dios y mucho menos ayudarles a pensar su fe, entonces se podría decir que la teología de la liberación fracasó. Pero nunca estuvo en su intención reducir la misión al incremento de convertidos como si ello, ipso facto, derivaría en un cambio social profundo y sostenido. De hecho, en los países donde se evidenció un crecimiento cuantitativo de evangélicos, lejos estuvo de materializarse un cambio social y político de grandes dimensiones como lo fue, mal que pese a muchos, la Reforma Protestante. Criticar a la teología de la liberación como una teorización sin sentido es no entender la naturaleza de un texto que, al decir de Paul Ricoeur es “todo discurso fijado por la escritura.”9 Como tal, adquiere una autonomía propia más allá de las intenciones de su autor y se enriquece en múltiples lecturas y relecturas. Si algo tiene de virtud la teología de la liberación es haber producido una obra de amplios alcances como un nuevo modo de hacer teología desde la praxis y que, asumiendo el círculo hermenéutico, implica la puesta en práctica de las sospechas ideológica, teológica y exegética que alumbren a una nueva hermenéutica acorde a los nuevos tiempos.10 Criticar a la teología de la liberación mediante señalamientos carentes de rigor académico termina por convertirla en una caricatura que distorsiona su imagen y su mensaje.
NOTAS:
1 José Míguez Bonino, La fe en busca de eficacia, Salamanca: Sígueme, 1977, p. 210 (Esta obra es la traducción del original inglés: Doing Theology in a Revolutionary Situation).
2 Juan Luis Segundo, “Las ideologías y la fe” en Liberación de la teología, Buenos Aires: Carlos Lohlé, 1975, cap. IV, pp. 111-140
3 Ibid., p. 140
4 Ibid.
5 Op. Cit., p. 128
6 Como botón de muestra, véase el modo en que George Ladd relee un pasaje del Sermón del Monte. Comentando el mandato de Jesús: “No resistáis al que es malo” (Mt. 5.38, 42), dice: “Si se ha de acatarlo en forma literal estricta, éste sería el inevitable y frecuente resultado. Si las naciones occidentales practicaran literalmente la no resistencia y liquidaran todos los recursos militares, nos encontraríamos de inmediato con una tiranía mundial del comunismo.” George E. Ladd, El Evangelio del Reino, Miami: Caribe, 1974, p. 90. Está de más preguntarse si esta reflexión es ideológicamente aséptica o, por el contrario, es portadora de una clara y definida ideología a favor del armamentismo.
7 Mencionemos aquí los trabajos de Jon Sobrino, Jesús en América Latina, Santander: Sal Terrae, 1982 y Jesucristo liberador. Lectura histórica-teológica de Jesús de Nazaret, San Salvador: UCA, 1991. He analizado el tema del Reino en la teología de Sobrino en mi reciente Reino, política y misión, Lima: Ediciones Puma, 2011, capítulo 2. De paso, recordemos que Sobrino fue sancionado por la jerarquía católica romana por su cristología que juzga “deficiente”. También son dignos de tomar en cuenta los volúmenes de Juan Luis Segundo, El hombre de hoy ante Jesús de Nazaret, publicados por Ediciones Cristiandad.
8 Para un estudio profundo de los pobres como objeto y sujeto de la liberación en la teología de Juan Luis Segundo, véase David A. Roldán, Teología crítica de la liberación. Un replanteo desde el problema de la interioridad y la exterioridad. Con atención especial a Juan Luis Segundo y José Míguez Bonino, tesis de doctorado en teología, Buenos Aires, 2011, cap. 6.
9 Paul Ricoeur, Del texto a la acción, Buenos Aires: FCE, 2000, p. 127.
10 Para una aplicación del círculo hermenéutico a las teologías de Juan Calvino y Karl Barth, véase Alberto F. Roldán, Reino, política y misión, cap. 6.
Alberto F. Roldán es doctor en teología por el Instituto Universitario Isedet y master en ciencias sociales y humanidades (filosofía social y política) por la Universidad Nacional de Quilmes.
Ramos Mejía, 17 de junio de 2011
Gustavo Gutiérrez - Peruano. Teologia de la Liberación.
Todos sabemos lo que es una caricatura. Es un dibujo en el cual se exageran los rasgos característicos de una persona. De ese modo, si el sujeto en cuestión tiene una nariz grande, se la extiende para que aparezca como “narigón”. Lo mismo se hace si tiene una cabeza grande o un mentón grande. Algunas caricaturas son graciosas y tienen la capacidad de que el observador apenas las ve, identifica claramente de quien se trata, más allá de que lejos están de ser “fotografías” de las personas que representan. La palabra “caricatura” procede el italiano caricare y significa “exagerar”. Aunque creativas, las caricaturas terminan por distorsionar los rasgos del personaje en cuestión.
Las caricaturas no se aplican sólo a dibujos. También se aplican al lenguaje, sobre todo cuando quienes escriben sobre un tema en particular, en lugar de investigar antes, se hacen eco de frases hechas y lugares comunes. El fenómeno se puede aplicar a la teología de la liberación. Siendo un movimiento teológico latinoamericano que tuvo su génesis “oficial” en el Celam II (Medellín, 1968), hunde sus raíces en otro espacio teológico denominado ISAL (Iglesia y sociedad en América Latina, 1961). Mientras la teología de la liberación está asociada a teólogos de la Iglesia católica romana (Gustavo Gutiérrez, Leonardo y Clodovis Boff, Jon Sobrino, Juan Luis Segundo, entre otros) ISAL fue un espacio de teólogos protestantes (Richard Shaull, Rubém Alves, José Míguez Bonino, Emilio Castro, entre otros) que reflexionaron sobre los rápidos cambios sociales que se operaban en el mundo de la posguerra y las revoluciones sociales y políticas de los años 1960. Aunque ISAL fue pionera en estas cuestiones, por razones que no viene al caso mencionar aquí, no tuvo el desarrollo e impacto que alcanzó la teología de la liberación surgida en el seno del catolicismo latinoamericano.
Desde los sectores conservadores y fundamentalistas de las iglesias de América Latina (en la que debemos ubicar tanto a católico-romanos como evangélicos) a lo largo del desarrollo de la teología de la liberación se fueron acuñando expresiones descalificadoras de esa teología. Es preciso, entonces, encarar una especie de “desmitificación” de esas caricaturas. Dado el limitado especio de este artículo, me permito señalar sólo tres de ellas.
Primera caricatura (ideológica): “La teología de la liberación es marxismo y, como tal, niega a Dios e insta a la lucha armada.” En esta caricatura se mezcla algo de verdad con mucha mentira. En efecto, los teólogos de la liberación hacen uso consciente del marxismo como instrumental socioanalítico para elaborar su teología. Entendían que el marxismo representaba el marco teórico más idóneo para repensar el mensaje cristiano en la situación latinoamericana. Pero siempre distinguieron entre los aspectos metafísicos del marxismo y su valor como instrumental para analizar la sociedad y la política latinoamericanas. En su agudo análisis de la teología de la liberación que encara Míguez Bonino en La fe en busca de eficacia, el teólogo metodista argentino evalúa el tema del uso del marxismo. Algunos, admite, conciben el materialismo dialéctico e histórico “como una suerte de teoría metafísica, una formulación filosófica absoluta a la que se transfiere una especie de ciega adhesión como la que se pretendía para el dogma teológico.”1 Pero no es esa, precisamente, la tónica que dominó en las producciones de la teología de la liberación. Gutiérrez, por caso, tanto en su Teología de la liberación como en su tesis-defensa realizada en Bélgica en ocasión del otorgamiento del doctorado en teología, separó muy bien los campos: el de la teología como mediación hermenéutica y el de las ciencias sociales como mediación socioanalítica. Lo mismo planteó Clodovis Boff en su obra Teología de lo político, sus mediaciones. Por otra parte, como bien señaló Gutiérrez en su defensa, nunca estuvo en el pensamiento y en la intención de los teólogos de la liberación instar a la lucha de clases y, por ende, a la lucha armada, sino que más bien la lucha de clases era un indicativo más que un imperativo que se podía percibir en la historia de América latina.
Por otra parte, la caricatura ideológica que se hace de la teología de la liberación no toma en cuenta el contexto en que siempre se gesta una teología que responda a situaciones históricas concretas. Sus críticos, parten del supuesto errado de que es posible hacer teología desde un ámbito carente de ideologías. A este respecto, es oportuno recordar el sesudo trabajo de Juan Luis Segundo “Las ideologías y la fe”2 en el que, luego de analizar el concepto de ideología en relación a la fe, concluye en que ésta última “no consiste, pues, en la adhesión intelectual a un cierto contenido revelado como solución definitiva para problemas teóricos y prácticos”3 sino que es “la madurez para las ideologías, es la posibilidad de desempeñar plena y conscientemente el cometido ideológico del que depende la liberación real de los hombres.”4 Por su parte el ya citado Míguez Bonino critica esa pretendida “objetividad” carente de ideologías en las teologías occidentales señalando:
Basta una lectura somera de la historia de la interpretación en la teología europea, por ejemplo a partir del siglo XVIII, para desvanecer toda duda al respecto. Las exégesis “científicas”, “históricas” y “objetivas” se revelan plenas de presupuestos ideológicos.”5
Muchas de las teologías que se leen en América latina y que son forjadas en el Nordatlántico son expresiones de las más enérgicas ideologías pese a que se presenten como “evangélicas” y “bíblicas” ya que defienden las guerras (incluyendo las “preventivas”) la segregación racial y el dominio de las superpotencias sobre los pueblos débiles. Es aquello que Noam Chomski denomina creativamente “Estados canallas”. En otras palabras: no se trata de que la teología de la liberación sea “ideológica” mientras las teologías “evangélicas” son “bíblicas”, sino que las unas y las otras son portadoras de ideologías, sólo que de distinto signo.6
Segunda caricatura (teológica): “La teología de la liberación reduce el mensaje cristiano a agendas socioeconómicas y políticas.” En este caso estamos ante una caricatura teológica porque acusa a la teología de la liberación de reducir el mensaje cristiano a lo socioeconómico y político. A contrario sensu se podría decir que la realidad es exactamente al revés de lo que se argumenta. Una lectura somera de las obras sistemáticas de Leonardo Boff, Gustavo Gutiérrez, Jon Sobrino y Juan Luis Segundo, muestran que la producción de estos teólogos latinoamericanos dista de ser un reduccionismo como se pretende. Han abordado la totalidad de los temas de la teología sistemática cristiana: Dios, trinidad, cristología, antropología, soteriología, pneumatología, eclesiología y escatología. No hay tal cosa como un reduccionismo socioeconómico y político que desplace los temas clásicos de la teología. Tomando un tema en particular, la cristología, el aporte de la teología de la liberación ha sido decisivo en varios aspectos: uno, en recuperar la dimensión humana e histórica de Jesús de Nazaret7 aspecto eclipsado por cristologías trascendentes y docetas que subrayan lo divino de Jesucristo en detrimento de su dimensión humana e histórica; en segundo lugar, la teología de la liberación pone al descubierto los resortes políticos e ideológicos que condujeron a Jesús a la cruz, llámense el establishment religioso de los fariseos y maestros de la ley y los poderes políticos del Imperio Romano: Herodes, Poncio Pilatos, etc. En tercer lugar, la teología de la liberación, en lugar de reducir el significado de la “salvación” en términos de liberación, amplía el concepto hacia alcances sociales y políticos sin negar las dimensiones espirituales. A partir del paradigma del “éxodo”, central en la narrativa bíblica, la teología de la liberación va más allá de una mera “salvación del alma” o de la persona o de las familias para reflexionar sobre las dimensiones sociales del pecado, lo que Gutiérrez llama “jamartiósfera” (pecado estructural) y del que ya hablaron los profetas de Israel cuando señalaban la opresión de los ricos sobre los pobres. Toma conciencia, también, del mensaje y de la praxis de Jesús de Nazaret en su reivindicación de los pobres “en espíritu” y “pobres desclasados”.
Tercera caricatura (eclesiológica): “Los teólogos de la liberación optaron por los pobres y los pobres optaron por los pentecostales.” Esta tercera caricatura acaso mezcle lo teórico-reflexivo con lo eclesiológico-empírico. Habría que preguntarse ¿en qué sentido los pobres optaron por los pentecostales? Toda opción es el resultado de un conocimiento previo de aquello por lo que se opta y, en este caso, es dudoso que los pobres considerados como un colectivo social hayan conocido la teología de la liberación con cierta profundidad como para rechazarla y, en consecuencia, optar después por los pentecostales. Esto, dicho sin ningún tenor peyorativo hacia una expresión del evangelicalismo que ha tenido un crecimiento notable en América Latina. Pero si de crecimiento numérico se trata, no creo que haya estado en la mente de los teólogos de la liberación ese tema en el sentido de la sumatoria de convertidos a la fe del Evangelio y la creación de megaiglesias para impactar al mundo. La opción por los pobres fue un concepto derivado del Evangelio y tiene fundamento nada más y nada menos que en las palabras de Jesús: “Dichosos ustedes los pobres, porque el reino de Dios les pertenece” (Lc. 6.20 NVI); “a los pobres se les anuncian las buenas nuevas” (Lc. 7.22); “El Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido para buenas nuevas a los pobres” (Lc. 4.18). Los pobres son tanto objeto como sujeto de la liberación que opera Dios en Jesucristo.8 Cuando se critica a la teología de la liberación por un supuesto “fracaso” en sus predicciones o en su papel liberador, habría que recordar que se está confundiendo lo teórico con lo empírico. Si la missio Dei consiste en aumentar el número de miembros de iglesias a los cuales no hay que enseñar la palabra de Dios y mucho menos ayudarles a pensar su fe, entonces se podría decir que la teología de la liberación fracasó. Pero nunca estuvo en su intención reducir la misión al incremento de convertidos como si ello, ipso facto, derivaría en un cambio social profundo y sostenido. De hecho, en los países donde se evidenció un crecimiento cuantitativo de evangélicos, lejos estuvo de materializarse un cambio social y político de grandes dimensiones como lo fue, mal que pese a muchos, la Reforma Protestante. Criticar a la teología de la liberación como una teorización sin sentido es no entender la naturaleza de un texto que, al decir de Paul Ricoeur es “todo discurso fijado por la escritura.”9 Como tal, adquiere una autonomía propia más allá de las intenciones de su autor y se enriquece en múltiples lecturas y relecturas. Si algo tiene de virtud la teología de la liberación es haber producido una obra de amplios alcances como un nuevo modo de hacer teología desde la praxis y que, asumiendo el círculo hermenéutico, implica la puesta en práctica de las sospechas ideológica, teológica y exegética que alumbren a una nueva hermenéutica acorde a los nuevos tiempos.10 Criticar a la teología de la liberación mediante señalamientos carentes de rigor académico termina por convertirla en una caricatura que distorsiona su imagen y su mensaje.
NOTAS:
1 José Míguez Bonino, La fe en busca de eficacia, Salamanca: Sígueme, 1977, p. 210 (Esta obra es la traducción del original inglés: Doing Theology in a Revolutionary Situation).
2 Juan Luis Segundo, “Las ideologías y la fe” en Liberación de la teología, Buenos Aires: Carlos Lohlé, 1975, cap. IV, pp. 111-140
3 Ibid., p. 140
4 Ibid.
5 Op. Cit., p. 128
6 Como botón de muestra, véase el modo en que George Ladd relee un pasaje del Sermón del Monte. Comentando el mandato de Jesús: “No resistáis al que es malo” (Mt. 5.38, 42), dice: “Si se ha de acatarlo en forma literal estricta, éste sería el inevitable y frecuente resultado. Si las naciones occidentales practicaran literalmente la no resistencia y liquidaran todos los recursos militares, nos encontraríamos de inmediato con una tiranía mundial del comunismo.” George E. Ladd, El Evangelio del Reino, Miami: Caribe, 1974, p. 90. Está de más preguntarse si esta reflexión es ideológicamente aséptica o, por el contrario, es portadora de una clara y definida ideología a favor del armamentismo.
7 Mencionemos aquí los trabajos de Jon Sobrino, Jesús en América Latina, Santander: Sal Terrae, 1982 y Jesucristo liberador. Lectura histórica-teológica de Jesús de Nazaret, San Salvador: UCA, 1991. He analizado el tema del Reino en la teología de Sobrino en mi reciente Reino, política y misión, Lima: Ediciones Puma, 2011, capítulo 2. De paso, recordemos que Sobrino fue sancionado por la jerarquía católica romana por su cristología que juzga “deficiente”. También son dignos de tomar en cuenta los volúmenes de Juan Luis Segundo, El hombre de hoy ante Jesús de Nazaret, publicados por Ediciones Cristiandad.
8 Para un estudio profundo de los pobres como objeto y sujeto de la liberación en la teología de Juan Luis Segundo, véase David A. Roldán, Teología crítica de la liberación. Un replanteo desde el problema de la interioridad y la exterioridad. Con atención especial a Juan Luis Segundo y José Míguez Bonino, tesis de doctorado en teología, Buenos Aires, 2011, cap. 6.
9 Paul Ricoeur, Del texto a la acción, Buenos Aires: FCE, 2000, p. 127.
10 Para una aplicación del círculo hermenéutico a las teologías de Juan Calvino y Karl Barth, véase Alberto F. Roldán, Reino, política y misión, cap. 6.
Alberto F. Roldán es doctor en teología por el Instituto Universitario Isedet y master en ciencias sociales y humanidades (filosofía social y política) por la Universidad Nacional de Quilmes.
Ramos Mejía, 17 de junio de 2011
sábado, 25 de junio de 2011
El peligro de la verdad absoluta según Gianni Vattimo
"... nunca he visto a un nihilista haciendo una guerra por la religión, pero he visto a muchas iglesias o incluso personas con principios metafísicos, hacer guerras, Bush, el papa, los papas del Renacimiento, las Cruzadas, todo, siempre se hizo en nombre de la verdad. Y en nombre de Dios lo cual es todavía peor."
Gianni Vattimo, filósofo italiano en la entrevista "La construcción de la verdad", revista Ñ, 25 de junio de 2011
Gianni Vattimo, filósofo italiano en la entrevista "La construcción de la verdad", revista Ñ, 25 de junio de 2011
martes, 21 de junio de 2011
Iglesia Evangélica Metodista Argentina: 175 años en el país
Durante los días 17 a 20 de junio de 2011 se realizó la XXII Asamblea General de la Iglesia Evangélica Metodista Argentina. Durante el encuentro que se efectuó en las instalaciones del Colegio Ward, de Ramos Mejía, se celebraron los 175 años de presencia de la Iglesia Metodista en nuestro país. El sábado 18 hubo un culto de acción de gracias del que participaron representantes de varias iglesias de la Argentina y organismos ecuménicos como FAIE, CLAI, CIEMAL, ALAIME y CIEM. También estuvo presente Nora Cortiña, en representación de las madres de plaza de mayo, línea fundadora. El intendente de Morón. Lucas Ghi, entregó al obispo Frank de Nully Brown una plaqueta en la que desataca el compromiso de esa Iglesia con las realidades sociales, trabajando en una alianza estratégica con el municipio para crear ciudadanía. El culto fue sumamente emotivo por los recuerdos históricos de esa Iglesia en el país, el canto congregacional y el mensaje del obispo que se centró en Romanos 12.1-2. En la declaración final se indica:
Nos hemos reunido bajo el lema “Jesucristo renueva en comunión y compromiso” para celebrar este aniversario con gratitud a Dios que en Jesucristo nos ha llamado a la fe y a la comunión en su Iglesia y para reconocer la fidelidad de todos aquellos hermanos y hermanas que en este peregrinaje dieron su testimonio y aún su vida sirviendo en nuestro país.
Al rememorar esta historia queremos renovar nuestro compromiso y comunión en este momento particular de nuestra patria. La ola neoliberal fue determinando la vida de nuestro mundo en las últimas décadas y afectando profundamente a los países latinoamericanos. Se instaló una concepción de sociedad que prioriza el lucro antes que la gente y el rédito económico antes que el desarrollo humano, dañando así a toda la creación. Años de dolor, opresión, muerte y desprotección fueron afectando la vida de nuestro pueblo.
Gracias a Dios, vientos de cambio están soplando en el continente en la búsqueda de una sociedad más democrática al servicio del pueblo. Es una tarea que reclama la participación de todos para que se consolide la paz, la justicia y la verdad y donde la economía esté al servicio de una más justa distribución de bienes.
“La historia y la sociedad son escenarios de la acción de Dios”, afirma nuestra Iglesia en sus Principios Sociales, como un desafío a estar presente en la vida de nuestro país con nuestra oración, reflexión y participación.
En las vísperas de elecciones presidenciales es importante que se afiancen los valores de la democracia, que tanto han costado, sobre las divisiones y los intereses sectoriales. Este es un tiempo de diálogo pero también de polémica, donde muchas veces priman antagonismos y descalificaciones. Ejercer el derecho democrático del voto es motivo de alegría pero también es necesario que se ejerza el desarrollo de ciudadanía para fortalecer la vida democrática.
En esta desafiante búsqueda Dios nos llama en Jesucristo a la comunión y el compromiso con toda nuestra Nación para construir una sociedad más justa y solidaria.
“Así que, hermanos, les ruego por las misericordias de Dios, que se entreguen ustedes mismos como ofrenda viva, consagrada y agradable a Dios. Este es culto espiritual que deben ofrecer” (Romanos 12:1)
¡Felicitaciones a la Iglesia Evangélica de la Argentina por su fiel testimonio del Evangelio y del Reino de Dios en nuestro país!
Alberto F. Roldán
Ramos Mejía, 21 de junio de 2011
jueves, 16 de junio de 2011
Los galeses: pioneros de la Patagonia
He visitado varias veces el valle del Río Chubut, en la Patagonia argentina, pero esta fue la primera vez en que tomé conocimiento directo de su gente y de su historia. Invitado por la Unión de Iglesias Cristianas Libres del Chubut –más conocidas históricamente como “las capillas galesas”, participé en Gaiman de la 27ª. Feria Provincial del Libro y 7ma. Feria Patagónica del Libro, presentando mis últimas obras: ¿Para qué sirve la teología y Reino, política y misión. El sábado 11 de junio ofrecí una conferencia titulada: “Amor, justicia y libertad. Sus relaciones desde una perspectiva filosófico-teológica” en la que mostré las interconexiones entre las distintas corrientes filosóficas y el mensaje de la Biblia sobre esas tres virtudes tan indispensables para la vida en sociedad. En mi conclusión, dije:
“¿Cómo se vinculan entre sí el amor, la justicia y la libertad en la experiencia humana? El amor trasciende la justicia en el sentido de que, como dice Stephen Mott: “produce acciones morales que la justicia no puede ordenar.” Lo mismo vale para la cuestión ética, según lo plantea el filósofo Fernando Savater cuando dice: “Allí donde el amor se impone, la ética no tiene prácticamente nada que decir […]” San Agustín resumió el tema en una sugestiva invitación: “ama y haz lo que quieras.” Por otra parte, el amor se relaciona con la libertad. El amor implica ofrecerse al otro y, por lo tanto, concederle libertad y estar dispuesto a sufrir por ello.
Se trata de un amor que debe tornarse eficaz en la historia. Como escribe Juan Luis Segundo:
Amar, amar eficazmente, es la única ley del cristiano. No ya la ley que distribuye entre las acciones etiquetas de “permitido” o “prohibido”, independientemente de cada hombre; sino la ley que le indica a la libertad del hombre su único camino verdadero: crear, en circunstancias siempre personales y únicas, un amor histórico también irreemplazable y único.
Tanto desde la reflexión filosófica que hemos expuesto como de la perspectiva bíblica, existe cierta coincidencia en que el amor, la justicia y la libertad son valores permanentes que hacen a la construcción de una sociedad armónica. Venimos al mundo con una gran carencia de amor, de afecto y ternura. El ser humano es, en ese sentido, el ser más débil y que demanda cuidado y protección. Pero conforme vamos creciendo, hay otro valor que surge como imprescindible: la justicia distributiva que plantea problemas cuya solución requiere de teorías de distribución de los bienes y de políticas concretas que propendan a que los seres humanos tengan el acceso a los bienes sociales que requieren para su realización como personas. El amor a Dios, al prójimo y a la creación forja una sociedad con hambre y sed de justicia que, una vez satisfecha, deriva en una sociedad verdaderamente libre, donde los seres humanos no sean medios para usar sino fines para respetar.”
Lo que más me ha impactado en esta vista fue la gente de origen galés, su fina atención y respeto y, sobre todo, su rica historia. En efecto, los galeses, que huyeron de su tierra en Gran Bretaña para encontrar libertad y realización, llegaron en febrero de 1865 a bordo del velero “Mimosa” a las playas que bautizaron con el nombre de “Puerto Madryn”, en homenaje al promotor de la iniciativa: Love Jones Parry Madryn, cuyo castillo llevaba ese nombre en el país de Gales. En Crónica de la colonia galesa de la Patagonia, escrita por Abraham Matthews –que tuvieron a bien obsequiarme– se indica que en 1865, antes de que se consumase la tristemente célebre “Campaña al Desierto” y que significó el exterminio de los pueblos originarios, un grupo minúsculo de galeses se atrevió a desembarcar en esas playas patagónicas. Después de muchos fracasos, logró establecer una colonia próspera en la “tierra maldita” de Darwin. Hoy, la comunidad galesa se ha hecho argentina, plenamente consustanciada con la lengua castellana y nuestras costumbres argentinas, más allá de mantener viva también su cultura expresada en el famoso “té galés” y su idioma que ahora intentan enseñar a las nuevas generaciones.
¡Salud al pueblo galés de la Patagonia! ¡Un saludo especial para mis nuevos amigos y amigas de Trelew y Gaiman!
Alberto F. Roldán
jueves, 2 de junio de 2011
A propósito de las próximas elecciones en Perú
De izquierda a derecha: Dres. Alberto Roldán, Víctor Arroyo y Walter Pérez
“Estar a punto de repetir un régimen nefasto cuestiona nuestra conciencia ciudadana”
Entrevista a Víctor Arroyo, del CONEP
Víctor Liza Jaramillo
Lima, jueves, 2 de junio de 2011
El Director Ejecutivo del Concilio Nacional Evangélico del Perú (CONEP), Víctor Arroyo, concedió una entrevista exclusiva en la que cuenta su breve experiencia en el Congreso y su participación en el Movimiento Evangélicos por la Democracia, de resistencia a la dictadura de Alberto Fujimori. También expresó algunas reflexiones sobre la actual coyuntura electoral.
Cuéntenos un poco acerca de su experiencia en el terreno de la política como senador.
En 1989 recibo una invitación de Cambio 90 para integrar su lista de senadores. Fue una experiencia importante; no llegué sin conocimientos de nada, pues tenía la reflexión, la preparación y con la inquietud de que las cosas tenían que cambiar en ese contexto: teníamos una elevadísima tasa de inflación y una situación de ingobernabilidad total.
¿Cuándo es que se aleja de Cambio 90?
Cuando Alberto Fujimori cerró el Congreso, renuncié públicamente. Además, porque el régimen no luchó contra la corrupción ni atendió la pobreza como prometió. La bancada de Cambio 90 elaboró un documento de respaldo a la decisión de Fujimori. Cuando me solicitaron la firma, les dije que esto era un golpe a la democracia y que merecía mi condena.
Antes del golpe, ¿ya había tomado una posición critica ante el fujimorismo?
Ya tenía discrepancias. Cuando se discutía en el Senado la acusación constitucional contra Alan García, la Comisión de Acusación Constitucional acordó, con elementos de juicio, y sin ánimos de venganza, aprobar la medida. Pero por indicación de Palacio, la bancada fujimorista votó en contra. Yo estuve a favor de que el caso pasara al Poder Judicial para la respectiva investigación. También discrepé sobre investigaciones sobre violaciones de derechos humanos. Algunas veces me decían, “¿qué pasa?, te van a expulsar”. Yo respondía que si por mantenerme firme a mis principios se me iba a expulsar, pues a mucha honra.
¿Usted fue el único que renunció, o hubieron otras personas que le acompañaron?
Varios diputados evangélicos renunciaron antes que yo, cuando Fujimori adopta el “Fuji-shock”, además de otras contradicciones al interior de la Cámara Baja. En el Senado no había ese tipo de confrontación, excepto en este tema, que nos llevó a varios de nosotros a expresar un punto de vista discrepante con esa medida.
¿Hubo alguna especie de seguimiento u hostigamiento hacia usted en los años anteriores?
Por alguna razón que nunca pude explicarme, Seguridad del Estado se mantuvo cerca de mí por un tiempo. Cuando pregunté por qué tenía a dos policías siguiéndome con la justificación del resguardo, me dijeron que de Palacio había venido una lista en la que mi nombre figuraba, y por eso tenía ese de resguardo, aún cuando yo ya había renunciado a Cambio 90.
¿Lo notaba como una especie de seguridad o de un seguimiento?
Creo que un poco de las dos cosas. Ellos preparaban un parte diario de cuáles han sido los desplazamientos o las reuniones a las cuales uno concurría. Entendí que posiblemente era un mecanismo de tener conocimiento de lo que estaba haciendo.
¿Cómo fue su participación en el Movimiento Evangélicos por la Democracia?
Cerrado el Congreso en 1992, participé junto a personajes como Gustavo Mohme Llona del Foro Democrático, que se creó para asumir la defensa de la democracia. Luego aparece Evangélicos por la Democracia (MED), que apoyó medidas como la lucha por la liberación de Juan Mallea, la concurrencia a la Plaza Mayor para lavar la bandera peruana. Era significativo porque agrupaba a estudiantes, profesionales y gente involucrada en trabajo de defensa de derechos humanos.
¿Esa participación de evangélicos era mayoritaria?
No era mayoritaria pero era un movimiento significativo. Por ejemplo, en esos años se realizaba la denominada Marcha por Jesús, de corte evangelístico, que, según los medios de la época, convocaba de 50 a 60 mil personas que salieron a las calles. Pero después se llamó a una concentración a favor de los presos inocentes en la plaza Francia, y sólo estuvieron unas doscientas personas. Parecía que los evangélicos no pensábamos en el Jesucristo interesado en el sufrimiento de las personas. Eso describe la actitud mayoritaria de los evangélicos respecto a la dictadura. El interés por la participación política va desarrollándose en los años que siguieron.
¿Fue decisiva la participación del MED?
Fue importante que un grupo de evangélicos pudieran plantarse, por ejemplo, frente al Poder Judicial para pedir la libertad de Mallea; y que se sumaran a la Marcha de los Cuatro Suyos en la lucha por la democracia. Fue un grupo que creció por la motivación que teníamos y por el compromiso con los valores democráticos. Fue un rol profético importante, de cuestionamiento a la dictadura.
¿Qué cree que ha ocurrido para que el fujimorismo esté tan cerca de retornar al poder?
En primer lugar, los actores políticos de la última década no realizaron la reforma del Estado para diseñar y aplicar políticas de inclusión social. La población está expresando la frustración de haber vivido en crecimiento económico sin experimentar beneficios en su calidad de vida. En cuanto a la sociedad civil, no ejerció la vigilancia adecuadamente. En el caso de los evangélicos, hemos estado más preocupados en el crecimiento numérico de las iglesias y no tanto en la calidad del testimonio evangélico en la sociedad.
¿Ha faltado hacer docencia sobre democracia, derechos humanos, lucha contra la corrupción?
Yo creo que sí. El papel del MED fue importante por las movilizaciones y los pronunciamientos públicos; pero había que crear también conciencia ciudadana. No hemos intervenido activa y sostenidamente en la construcción de ciudadanía. Esta situación nos coloca frente a una fragilidad de conciencia democrática. Que estemos a punto de repetir un régimen que fue nefasto para el país, cuestiona nuestros niveles de conciencia democrática.
En una elección tan crucial como esta, ¿cuál sería el papel del pueblo evangélico?
Los evangélicos tenemos que asumir un rol activo de construcción de ciudadanía en el Perú. Debemos participar en espacios de gestión publica; desarrollar conciencia de vigilancia ciudadana. Las autoridades hacen lo que se les ocurre por la ausencia de un control que provenga del pueblo, y los evangélicos somos parte del soberano. Eso está vinculado con el tema del rol profético y la importancia que tiene la vida humana para la conciencia cristiana.
Fuente: ALC noticias. Usado con permiso.
viernes, 20 de mayo de 2011
Ya circula el nuevo libro: REINO, POLITICA Y MISION
REINO, POLÍTICA Y MISIÓN
El 10 de mayo último, en ocasión de un encuentro de profesores del Programa Doctoral
Latinoamericano en Ciencias Teológicas, el Dr. Alberto F. Roldán recibió en Miami los
primeros ejemplares de su nuevo libro: Reino, política y misión. La obra fue editada por
el Centro de Investigaciones y publicaciones (CENIP) que patrocina Ediciones Puma,
de Lima, Perú, y será presentada oficialmente en Expolit, a realizarse en los próximos
días en Miami. Si bien este libro fue escrito en durante 2009 y 2010, es el fruto de la
investigación que el autor ha desarrollado en la última década en los campos de la
teología, la misiología y las ciencias sociales.
REINO, POLÍTICA Y MISIÓN
Sus relaciones en perspectiva latinoamericana
Reino, política y misión reúne una serie de ensayos que abordan esa triple temática. Los dos primeros
capítulos están consagrados al tema del Reino. El capítulo 3 es un análisis de la ética social y política de
Juan Calvino presente en su visión del Reino y sus vinculaciones con la sociedad y la política de su tiempo,
con los desafíos que la misma formula a la realidad latinoamericana. Los capítulos 4 y 5 están dedicados a
la teología de Karl Barth, tal como aparece en su decisivo comentario a Romanos.
El capítulo 6 representa una indagación sobre el círculo hermenéutico de Juan Calvino y Karl Barth, a
modo de entender por qué sus teologías representan una circulación de sentido que responde a las
diferentes sospechas: la sospecha ideológica, la sospecha teológica y la sospecha exegética que, a su vez,
dan lugar a una nueva hermenéutica.
Los capítulos finales del libro se ocupan de dos temas que siguen siendo vigentes: las teologías políticas
de Moltmann y Metz, y el tránsito de la misionología desde una visión del Congreso de Edimburgo (1910)
hasta cien años después, desde América Latina, antiguo territorio de misión.
Contenido:
• Concepciones del Reino y missio Dei
• El Reino de Dios en la teología latinoamericana
• La ética social y política de Calvino
• La importancia del comentario de Karl Barth a la carta a los Romanos
• Carácter dialéctico de la justicia y praxis sociopolítica en Karl Barth
• El círculo hermenéutico en Juan Calvino y Karl Barth
• Las teologías políticas de Jürgen Moltmann y Johann Baptist Metz
• América Latina y Edimburgo: de la exclusión al protagonismo en la misión
Nuestro anhelo es que esta obra sea un
aporte importante a la reflexión interdisciplinaria, tan necesaria en nuestros tiempos
Suscribirse a:
Entradas (Atom)




