martes, 5 de julio de 2016

“Tillich como intérprete” según W. H. Van de Pol




Tillich habla varios idiomas: el del hombre moderno y el del creyente cristiano: el idioma del pensamiento y el del evangelio; el de la filosofía y el de la teología. Como un intérprete avezado, pasa sin dificultad de un idioma a otro, no sin desconcierto por parte de algunos lectores.
Tillich quiere ser intérprete. Es inclusive conscientemente apologista. Se ha hecho intérprete para hacerle ver al hombre moderno que se puede ser cristiano, incluso en nuestro tiempo. Puede hacerlo porque posee, y demuestra poseer, plena comprensión de las causas que han hecho tan difícil, por no decir imposible, que el hombre de nuestro tiempo reconozca en Jesús como el Cristo la respuesta, a la pregunta existencial por el ultimate concern [preocupación última] de los hombres. Estas causas residen en la predicación de la fe y en la teología atadas a una cultura en ruinas.
Si un incrédulo pregunta qué es lo que entiende el creyente por ‘Dios’, Tillich responde: es el fundamento del ser, the ground of being. Si, por el contrario, un creyente pregunta que es para el filósofo el fundamento del ser, Tillich responde: significa Dios. No se trata aquí de una identificación lógica: Dios = fundamento del ser, como si el creyente debiera rezar no a Dios sino al fundamento del ser. Cuando Tillich predica, no lo hace sobre el fundamento del ser, sino sobre Dios. No se trata de reemplazo, sino de traducción.”
W. H. Van de Pol, El final del cristianismo convencional, trad. Adelaida Kaan de Colángelo, Buenos Aires: Carlos Lohlé, 1969, pp. 235-236
En esta obra notable, su autor define al “cristianismo convencional” como el cristianismo tal como fue practicado por el pueblo cristiano desde el principio de la cristianización de Europa y que continuó, pese al golpe recibido desde la Reforma tanto en su versión católica como protestante. Ese cristianismo estaba unido a la imagen primitiva y precientífica del mundo. Frente a ese fenómeno, el autor reconoce que “Las respuestas antiguas ya no tienen validez en muchos casos” y a nadie aprovechan las respuestas preconcebidas y autosuficientes. Está describiendo la situación del mundo a mediados del siglo XX. La pregunta clave, entiende Van de Pol, es la pregunta sobre Dios. Cómo plantear el tema “Dios” en esa situación. Formula, entonces, una descripción del mundo y la sociedad, repasando los aportes de la filosofía y de la teología, entre otros autores: Martín Heidegger, Karl Barth y Paul Tillich. Es en ese contexto donde se hace la referencia al planteo de Tillich y a su función como hermeneuta del cristianismo para el siglo XX. Como destaca Van de Pol, Tillich maneja varios idiomas, sobre todo, de la filosofía y de la teología. A veces, escribe como filósofo, otras como teólogo y otras, agrego, como pastor luterano y capellán entre heridos y moribundos que sufrían los estragos de la guerra. Como filósofo, Tillich se refiere a Dios como “el fundamento del ser” en otras, como Dios. “No se trata de reemplazarlo, sino de traducción.” Es muy cierto lo que dice Van de Pol, en el sentido de que muchos se confunden con Tillich o no lo  entienden, sobre todo por su lenguaje filosófico. Y no faltan quienes lo critican o lo señalan como un cripto-panteísta. Pero este desdoblamiento de Tillich, posicionándose a veces como teólogo y en otras, como filósofo, ¿no es lo que hizo San Pablo al predicar en Atenas a los epicúreos y a los estoicos? (Hechos 17). Allí, en el Areópago, el apóstol hace gala de su conocimiento del pensamiento griego y encuentra puntos de contacto entre el Evangelio y los griegos. Inclusive, se anima a decir que el Dios al cual predica es el mismo que ellos adoraban sin conocerlo. Y, por si eso fuera poco, cita a poetas griegos que afirman que “en él (Dios), vivimos, nos movemos y existimos.” Ser intérprete o hermeneuta del cristianismo exige esa flexibilidad y ese desdoblamiento, según los auditorios a quienes estamos evangelizando. No es dar un esquema reduccionista de cuatro o cinco puntos, sino de dar el mismo mensaje, pero traducido según el auditorio y la cultura a la que nos estamos dirigiendo.

Alberto F. Roldán
Ramos Mejía, 5 de julio de 2016






sábado, 11 de junio de 2016

LA FE, LA TRADICIÓN Y LA SAGRADA ESCRITURA SEGÚN EBELING





“La fe nace y persevera, pues, en un hecho de transmisión, de tradición. (…) Parece algo chocante el hecho de que la relación fundamental entre la fe y la historia venga designada como una adhesión de la fe a la tradición. Tal vez esto nos suene a algo propio del catolicismo el colocar la tradición junto a (y, ciertamente, de hecho se ha colocado sobre) la Sagrada Escritura; por el contrario, es propio del protestantismo el hacer valer únicamente la Escritura. Ahora bien: esta diferencia, realmente profunda, en la manera de comprender la fe cristiana no debe ser borrada; sin embargo, ha de ser liberada ya de su formalización fosilizada. ¿Qué es la Sagrada Escritura sino una parte de la tradición histórica? La insistencia protestante en la fórmula ´solamente la Escritura ‘no quiere decir ya, además, que la difusión de Biblias impresas sea el camino histórico de la fe. Es típico del protestantismo el reconocer que la fe procede la palabra oral, o sea que este mensaje, creado ciertamente a partir de la Biblia y basándose siempre de nuevo en su texto y probado en él, es transmitido de hombre a hombre, de pueblo a pueblo de una manera oral o, mejor dicho, personalmente, no de una manera anónima, sino exponiéndose totalmente sus testigos y dispuestos a la abnegación más manifiesta. No como un cartero que simplemente entrega cartas cuyo contenido desconoce, ni tampoco como un heraldo que hace una proclamación solemne, sino como un representante responsable que es el único autorizado para hablar. Si la palabra de fe –el Nuevo Testamento lo llama Evangelio- no nos hubiera sido transmitida como una tradición oral, personal, no sabríamos nada de la fe.
Y sí como no es lícito aislar la Sagrada Escritura de la ulterior historia de la predicación, así tampoco hay que independizarla del acontecimiento que ella misma atestigua. La tradición, a la que está adherida la fe, no es una ley de fe, sino la atestiguación del hecho de la fe. Lo que se transmite es, ciertamente, también una exigencia de la fe, pero ante todo fe vivida una vez.”
Gerhard Ebeling, La esencia de la fe cristiana, trad. Carlos de la Sierra, Madrid: Ediciones Marova, 1974, pp. 30-31.
Gerhard Ebeling, teólogo luterano alemán nacido el 6 de julio de  1912 y fallecido el 20 de setiembre de 2001. Discípulo de Rudolf Bultmann y continuador de su hermenéutica. Fue pastor de la Iglesia Confesante (opuesta al régimen nazi) durante los años 1939 a 1945, pleno desarrollo de la Segunda Guerra Mundial.
Transcribí estos párrafos del curso que dictó en la Universidad de Zürich en el  invierno de 1958-1959. Es una reflexión amplia y profunda sobre la fe. En este caso, sobre la relación entre la fe, la tradición (que significa transmisión) y la Sagrada Escritura. Enfatiza la importancia del mensaje oral que recibieron los profetas y los apóstoles. La palabra de fe, en síntesis, el Evangelio, debe transmitirse de modo oral, persona a persona, como testimonio del Cristo. La fe, en suma: un acontecimiento vital que transforma nuestra existencia en el mundo.
De vez en cuando voy a seguir sumando artículos y reflexiones sobre la fe que es, en definitiva, lo que nos caracteriza como cristianos y cristianas, más allá de que sea una experiencia humana cotidiana. 

Foto: Gerhard Ebeling

Alberto F. Roldán

Ramos Mejía, 11 de junio de 2016

domingo, 27 de marzo de 2016

Jesucristo resucitado: Esperanza para la crucificados






Jesús es esperanza en primer lugar para los crucificados. Dios resucitó a un crucificado, y desde entonces hay esperanza para los crucificados de la historia. Estos pueden ver en Jesús resucitado realmente al primogénito de entre los muertos, porque en verdad y no sólo intencionalmente lo reconocen como el hermano mayor. Por ello podrán tener el coraje de esperar su propia resurrección y podrán tener ánimo ya en la historia, lo cual supone un ‘milagro’ análogo a lo acaecido en la resurrección de Jesús.


Jon Sobrino, Jesús en América Latina 

sábado, 26 de marzo de 2016

"Sólo el Dios sufriente puede ayudarnos."





"Dios, clavado en la cruz, permite que lo echen del mundo.
 Dios es impotente y débil en el mundo, y sólo así está Dios con nosotros y nos ayuda.
Mateo 8,17 indica claramente que Cristo no nos ayuda por su omnipotencia,
sino por su debilidad y sus sufrimientos...
Sólo el Dios sufriente puede ayudarnos...
Esto es lo opuesto de todo aquello que el hombre religioso espera de Dios.
El hombre está llamado a sufrir con Dios
el sufrimiento que el mundo sin Dios inflige a Dios."


Dietrich Bonhoeffer, Resistencia y sumisión.

Que la paz del Cristo crucificado y resucitado para nuestra salvación, sea con todos Uds. ahora y siempre.


Alberto

jueves, 31 de diciembre de 2015

Teología de la debilidad


“Una teología de la debilidad es una teología de la autorización divina. No es una teología para personas sin carácter, sino una teología para hombres y mujeres que afirman el poder del amor que los libera del miedo y los capacita para poner su luz en las lámparas y llevar a cabo el trabajo del reino.
Sí, somos pobres, mansos, lloramos, tenemos hambre y sed de justicia, somos misericordiosos, limpios de corazón, buscamos la paz y nos vemos siempre perseguidos por un mundo hostil. Pero no carecemos de personalidad, no somos felpudos. El reino de los cielos es nuestro, la tierra es nuestra herencia. Recibimos consuelo, nos hartamos, sentimos la misericordia, se nos reconoce como hijos de Dios y…vemos a Dios. Eso es poder, el auténtico poder, el poder que viene de lo alto.” (Senderos de vida y del Espíritu, p. 35).
Estas palabras del místico cristiano Henri Nouwen sirven como cierre del año 2015 y la apertura del nuevo año 2016. Los cristianos trabajamos para expandir el reino de los cielos en la tierra. Debemos saber y reconocer que somos débiles. Desarrollar una teología de la debilidad implica ese reconocimiento y, a la vez, la confianza plena en que todo el poder para predicar y expandir ese reino viene de Dios. Admitamos nuestra pobreza, nuestra hambre y sed de justicia, busquemos un corazón limpio, trabajemos por la paz sabiendo que todo el poder que necesitamos para vivir el nuevo año agradando a Dios, viene de Él y sólo de Él. A su nombre: ¡GLORIA ahora y siempre!
Que en este nuevo año el Dios de toda gracia te sorprenda día a día con nuevas bendiciones. 

miércoles, 9 de septiembre de 2015

La gracia y el derecho según Jacques Ellul



"... la revelación del amor, que tiende a establecer una relación de amor (y sólo esto) entre los hombres, que tiende a lograr que todo descanse sobre la gracia, que tiende a dar a los hombres el modelo de relaciones exclusivamente gratuitas, es verdaderamente lo contrario del derecho donde todo se mide en 'debe y haber' (lo contrario de la gracia) y en 'deber' (lo contrario del amor).
Mientras y en cuanto no estemos aún en el reino de Dios, no cabe esperar el alumbramiento de esta relación pura del amor y la gratuidad, de esta relación perfectamente transparente. Por tanto, el derecho subsiste inevitablemente. Pero el reconocimiento que a esta subsistencia le confiamos debería ser el de la simple utilidad (porque nada mejor podemos hacer) y del mal necesario (¡que sigue siendo un mal!)."

Jacques Ellul, La subversión del cristianismo, Buenos Aires. Carlos Lohlé, 1990, p. 133.
Ellul, jurista, filósofo, sociólogo, teólogo nacido en Burdeos en 1912. Fue miembro del Consejo Nacional de la Iglesia Reformada de Francia. Pensador de rara profundidad, rara, digo, en el sentido de ser poco habitual. Profundo, crítico, hace pensar. La página citada corresponde al capítulo V, titulado: "La influencia del Islam" donde el pensador reformado se anima a analizar la fuerte influencia de esa religión en todo el mundo y afirma que muchas de las prácticas de la Iglesia cristiana en la historia, tales como la guerra santa, han sido resultado de esa influencia. Menciona, como ejemplo concreto, las cruzadas como intento bélico por recuperar los lugares santos.