Este blog está destinado a dialogar sobre las relaciones entre teología, política y sociedad desde una perspectiva judeocristiana.
sábado, 29 de octubre de 2011
El ministerio social de la iglesia local - Rubem Alves
La norma de vida de la comunidad cristiana corresponde a los actos redentores de Dios a través de Jesucristo. Lo que ella hace o debe hacer se deriva de lo que Dios está haciendo y desea hacer. Por eso, al pensar en el ministerio social de la Iglesia local, debemos comprenderlo y definirlo en los términos del propósito de Dios para con el hombre y la sociedad. (…) llamaremos la atención sobre algunos puntos importantes de nuestra interpretación de la acción de Dios.
1. Dios, tal como lo entendemos a través de Jesucristo, existe activamente en la historia humana, para conducirla según su propósito de amor y armonía. No se limita a una plácida contemplación del orden histórico, sino por el contrario, penetra decisivamente en medio de todas nuestras miserias. (…)
2. Este Dios actúa dinámicamente en la historia, ya que extermina los poderes que se rebelan contra su orden de amor e intenta alterar el orden histórico con el caos y el desorden. En las palabras de Jesucristo, en su vida y muerte, el “príncipe de este mundo” estaba siendo juzgado. (…)
3. Ante este hecho comprendemos que el propósito de amor de Dios, al tener como fin la plena humanización del hombre, presupone la redención de las estructuras sociales. Y esto por que el mal no está solo en el hombre, sino fundamentalmente “entre” hombre y hombre, en las expresiones sociales de la vida. (…)
4. Como cristianos afirmamos, paradójicamente, que la victoria de Dios sobre todas las formas de inhumanidad y discordia es un hecho, Jesucristo es Señor, y confiesa a la Iglesia por los siglos. Esto significa que su poder de amor es la mayor realidad, dentro de las estructuras en que vivimos. Esta victoria de Dios sobre los poderes del mal y su soberanía sobre todas las expresiones de vida, es lo que la fe cristiana llama “Reino de Dios”. (…)
5. La Iglesia se sitúa dentro de esta acción de Dios en el mundo. Su misión es testimoniar la victoria de Dios sobre los poderes del mal, y hacer que la soberanía de Jesucristo se exprese en el mundo en el que ella se encuentra. Consecuentemente, la comunidad cristiana local, frente a la realidad social en la que se encuentra, está llamada a ser el instrumento para la realización del propósito de Dios.
Extraído del libro Responsabilidad social del cristiano, Montevideo: ISAL, 1964, pp. 56, 57. Rubém Alves es teólogo, poeta, psicólogo y educador brasileño. Pionero de ISAL, Iglesia y Sociedad en América Latina, de cuya existencia se cumplen 50 años que serán celebrados en una edición especial de la revista Teología y Cultura (www.teologos.com.ar) que aparecerá en próximos días.
miércoles, 31 de agosto de 2011
Solamente - Alejandra Pizarnik
Solamente
ya comprendo la verdad
estalla en mis deseos
y mis desdichas
en mis desencuentros
en mis desequilibrios
en mis delirios
ya comprendo la verdad
ahora
a buscar la vida
Alejandra Pizarnik
Poeta argentina (1936-1972)
jueves, 25 de agosto de 2011
Religiones y política en la actualidad- Foro en la Universidad Nacional de Rosario
Auspiciado por la Universidad Nacional de Rosario el martes 23 de agosto último se realizó un foro sobre Religiones y Política en la actualidad. El evento fue organizado por la Mesa Interreligiosa por el Bien Común y el Centro de Estudio sobre Diversidad Religiosa y Sociedad. En encuentro representó dos miradas al tema: la del ámbito académico, en el cual participaron varios sociólogos y la mirada religiosa. Durante la mañana y luego de la presentación realizada por el Rector de la Universidad Nacional de Rosario Prof. Darío Maiorana, expusieron los siguientes académicos: El Dr. Damián Setton sobre el tema “Los judíos y la política en la Argentina”, la Dra. Verónica Giménez Béliveau que disertó sobre “Católicos y católicas, catolicismos, Iglesia, centralizaciones y heterogeneidades”, la Dra. Silvia Montenegro que abordó el tema: “Las ciencias sociales y la comprensión del Islam”, el Lic. Juan Pedro Schaad que abordó el tema “Rol de la religión en la política desde la perspectiva de la Reforma Luterana del siglo XVI”, cerrando la primera parte con el Dr. Hilario Wynarczyk que disertó sobre “Evangélicos, religión y política”. Mostró de qué modo los evangélicos han intentado posicionarse políticamente en las últimas décadas y de que el espacio evangélico se ha constituido en un apetecible ámbito para los políticos en su búsqueda de votos.
En horas de la tarde expusieron sus temas los representantes de varias confesiones religiosas. El rabino Daniel Dolinsky disertó sobre “Compromiso ciudadano. Una mirada desde la tradición judía”; el Presbítero Ignacio Pérez del Viso habló sobre “La libertad de la fe”. A continuación el Sheij Mahmud Aid habló sobre “Islam: ¿política y religión” destacando el carácter unificador de la fe islámica en el sentido de ser una cosmovisión en que no separa lo espiritual de lo terrenal. Asimismo, destacó que el Islam también aguarda la Segunda Venida de Jesús. Posteriormente disertó el pastor Guido Bello, en representación de la Iglesia Metodista Argentina, destacando el vínculo entre espiritualidad y acción social en la perspectiva de Wesley. El encuentro finalizó con la ponencia del Dr. Alberto F. Roldán que, en representación de la Iglesia Presbiteriana San Andrés, abordó el tema: “El Reino de Dios como paradigma de la acción política cristiana”. Puso énfasis en la necesidad de superar el eclesiocentrismo que tanto ha caracterizado al cristianismo tanto católico como evangélico a través de la historia y optar por el Reino como un eje superador que implica responder a la pregunta: "¿Qué está haciendo Dios en el mundo?”
Lo importante de este encuentro de diálogo interreligioso radica en que es auspiciado por la Universidad Nacional de Rosario que sería la única de ese carácter que promueve formalmente este tipo de diálogos otorgando un lugar importante a la religión en la cultura.
sábado, 20 de agosto de 2011
No te detengas - Walt Whitman
No dejes que termine el día sin haber crecido un poco,
sin haber sido feliz, sin haber aumentado tus sueños.
No te dejes vencer por el desaliento.
No permitas que nadie te quite el derecho a expresarte,
que es casi un deber.
No abandones las ansias de hacer de tu vida algo extraordinario.
No dejes de creer que las palabras y las poesías
sí pueden cambiar el mundo.
Pase lo que pase nuestra esencia está intacta.
Somos seres llenos de pasión.
La vida es desierto y oasis.
Nos derriba, nos lastima,
nos enseña,
nos convierte en protagonistas
de nuestra propia historia.
Aunque el viento sople en contra,
la poderosa obra continúa:
Tú puedes aportar una estrofa.
No dejes nunca de soñar,
porque en sueños es libre el hombre.
No caigas en el peor de los errores:
el silencio.
La mayoría vive en un silencio espantoso.
No te resignes.
Huye.
"Emito mis alaridos por los techos de este mundo",
dice el poeta.
Valora la belleza de las cosas simples.
Se puede hacer bella poesía sobre pequeñas cosas,
pero no podemos remar en contra de nosotros mismos.
Eso transforma la vida en un infierno.
Disfruta del pánico que te provoca
tener la vida por delante.
Vívela intensamente,
sin mediocridad.
Piensa que en ti está el futuro
y encara la tarea con orgullo y sin miedo.
Aprende de quienes puedan enseñarte.
Las experiencias de quienes nos precedieron
de nuestros "poetas muertos",
te ayudan a caminar por la vida
La sociedad de hoy somos nosotros:
Los "poetas vivos".
No permitas que la vida te pase a ti sin que la vivas ...
Poeta estadounidense. West Hills, EE UU, 1819 - Camden, 1892. Hijo de madre holandesa y padre británico. La primera edición de su obra, Flores de hierba, fue publicada 1855.
martes, 16 de agosto de 2011
Política y misión en perspectiva latinoamericana - Por Hilario Wynarczyk
Recientemente ha sido salido el libro Reino, política y misión. Sus relaciones en perspectiva latinoamericana”, escrito por Alberto F. Roldán y publicado por Ediciones Puma, sello del Centro de Investigaciones y Publicaciones (CENIP), de Lima, Perú. El autor es argentino, profesor de teología en la ciudad de Buenos Aires. Esta obra de 209 páginas, y otras 25 de bibliografía, se sitúa en la interface entre teología, filosofía política y ciencias sociales. Su objeto de análisis es el concepto de reino de Dios, la relación de la iglesia con el Reino, la sociedad y la política. Pero en última instancia también, la propia misión de la iglesia. Para responder a las preguntas que se formula en su estudio, Alberto Roldán acude a una vasta cantidad de autores que pertenecen mayormente a la herencia teórica protestante de Europa, Estados Unidos y América Latina, y en particular a esa cuyas raíces se hunden en el pensamiento de Calvino, encontrando en el reformador ginebrino, además de su punto de anclaje, el horizonte de la discusión y el contexto desde el cual surge su relevancia. Por este motivo, “Reino, política y misión” es un aporte a la construcción del “estado del arte” o estado de la cuestión, de gran utilidad para la reflexión teórica y el uso pedagógico en las instituciones de enseñanza interesadas en los dilemas de la teología cuando sus caminos se cruzan con las demandas de la sociedad incorporadas al pensamiento teórico y de acción. Luego de trazar antecedentes conceptuales de Reino y missio Dei en la obra de varios autores como Richard Niebhur, Oscar Cullmann, Paul Tillich, Jürgen Moltmann y el uruguayo Julio de Santa Ana, tratados en el primer capítulo (que abarca más autores que los aquí mencionados), Alberto F. Roldán dedica el capítulo segundo a “El Reino de Dios en la teología latinoamericana”. Aquí se explaya sobre la obra de Jon Sobrino, el argentino José Míguez Bonino y otro rioplatense, el uruguayo Emilio Castro. A continuación en el capítulo tercero trabaja sobre “La ética social y política de Juan Calvino”, y dedica los capítulos cuarto y quinto a Karl Barth, con los títulos, respectivamente, de “La importancia del comentario de Karl Barth a la Carta a los Romanos” y el “Carácter dialéctico de la justicia y praxis sociopolítica en Karl Barth”. Dirigiéndose a un proceso de convergencias teóricas, enfoca luego el capítulo sexto en “El círculo hermenéutico en las teologías de Juan Calvino y Karl Barth” e incluye ahora las aportaciones del latinoamericano Juan Luis Segundo. El especialmente atractivo capítulo siguiente dedicado a las teologías políticas, comienza con un autor que permanece enigmático a raíz de los prejuicios que despierta su imagen pública: Carl Schmitt. Luego de lo cual nos presenta analíticamente la producción teórica de Jürgen Moltmann y Johann Baptist Metz. Avanzando ya en el capítulo 8, Alberto Roldán revisa la presencia, primero excluida, después protagónica, de América Latina en los Congresos de Edimburgo, 1910-2010. Cierra el libro con unas breves conclusiones finales, jalonadas antes por la sistemática presencia de apartados conclusivos para cada uno de los capítulos mencionados. Coherentemente con la disciplina en la que se desenvuelve, Alberto Roldán no avanza en este libro sobre el análisis, que sería propio de la sociología empírica, acerca de las proximidades y distancias entre las definiciones teológicas y las concretas formas de la praxis eclesiástica. Creo correcto sin embargo, afirmar que la investigación de sociología empírica dedicada a las relaciones entre religión y política en el ámbito de las iglesias evangélicas, al menos en el espacio nacional de la República Argentina, deja percibir que las tensiones principales que emergen de estas interacciones giran en primer término, alrededor de la definición conceptual de la misión que tendría la iglesia en la sociedad. Este problema que de suyo pertenece a la práctica, nos remite a su contrapartida en el plano de la reflexión teológica acerca del reino de Dios y el papel de la iglesia en el reino de Dios. Por este motivo, considero que la aparición “Reino, política y misión” constituye una contribución oportuna a la discusión y la pedagogía en el dominio teológico, manteniendo en el horizonte la idea de que la teología funciona como el marco que puede encuadrar la acción de quienes pretenden ser los actores de la iglesia en el mundo. Además el libro tiene la virtud de surgir de la mesa de trabajo de un autor local, cuya biografía por otra parte presenta un curso paradójico, como lo deja ver el intelectual mexicano Leopoldo Cervantes-Ortiz en la introducción. Dice Cervantes-Ortiz acerca del autor de “Reino, política y misión” “…basta con mirar su historia de vida para darse cuenta de la forma en que se ha desarrollado con el paso del tiempo. Partiendo, como muchos otros colegas, de una experiencia definida por los cánones del protestantismo histórico conservador, ha evolucionado hasta alcanzar una voz teológica propia, madura y propositiva”.Alberto F. Roldán es doctor en teología por el Instituto Universitario ISEDET, y master en ciencias sociales y humanidades (con enfoque en filosofía política) por la Universidad Nacional de Quilmes. Siendo profesor y directivo del Instituto Teológico FIET, desarrolló al mismo tiempo una experiencia de conferencista y profesor en varios países, ha escrito varios libros y numerosos artículos, y pertenece a la FTL, Fraternidad Teológica Latinoamericana. Los interesados en otros aportes del mismo autor y eventuales consultas, pueden dirigirse al link de la revista on line Teología y Cultura en: www.teologos.com.ar+
(Prensa Ecuménica)(*) Hilario Wynarczyk es doctor en sociología. Se especializa en el estudio de las iglesias evangélicas en sus relaciones con la sociedad, el Estado y la política. PreNot 9685110816
miércoles, 3 de agosto de 2011
Conferencia de Giacomo Marramao en Buenos Aires
El 2 de agosto pasado, el filósofo Giacomo Marramao ofreció una conferencia magistral titulada “Globalización y democracia: definiendo la agenda del siglo XXI”. La misma se desarrolló en la sede de la facultad de Ciencias Sociales de la UBA, sita en Santiago del Estero 1029, de la ciudad de Buenos Aires.
El pensador italiano, nacido en Catanzaro en 1946, es catedrático de filosofía política en la Universidad de Roma III. Realizó estudios en Italia y Alemania. Particularmente, ponderamos su obra por el aporte a temas como la secularización, la globalización y el tiempo. Sobre esto último, afirmó que la historia es contingente y no lineal y que, citando a Octavio Paz, “Occidente no sólo colonizó el espacio territorial sino también el tiempo.” Y agregó: “El futuro, ahora, no tiene más potencia simbólica.”
También dijo que con el proceso de secularización la promesa de Occidente se ha transformado en una amenaza de destrucción. Para Marramao, la globalización no es un fenómeno unitario en el sentido de tener una lógica única sino que más bien es “bi-lógica” en la cual el mercado financiero tiene un lugar preponderante.
En la parte final de su disertación, el filósofo italiano distinguió entre el populismo, ilustrado claramente por el peronismo y el “neo-populismo” de hoy, que es mediático, ya que las personas no son sujetos activos del mismo sino sólo espectadores.
En una breve charla que pude mantener con el expositor, le agradecí sus aportes decisivos al tema de la secularización. Por caso, en su libro Cielo y tierra. Genealogía de la secularización, y su reflexión sobre la teología dialéctica. Obra en la que, al exponer la secularización, dice: “En las reflexiones desarrolladas por Barth y Gogarten durante este período (se refiere a los años 1920), el concepto de secularización viene a constituir el indicador de una creciente conexión histórica entre religión y cultura: de un progresivo ‘historizarse’ y ‘mundanizarse” de la religiosidad. A su juicio, el papel de una teología dialéctica consiste sobre todo en asumir tal resultado, pero también en cumplir un ulterior y más radical paso, poniendo el acontecimiento de la fe más allá de este nexo. La ‘secularización’ expresa una realidad incontrovertible –y, como tal, debe ser legitimada.” (Cielo y tierra, Barcelona: Paidós, 1998, p. 82).
Otras obras de Marramao en castellano son: Pasaje a Occidente. Filosofía y globalización (Buenos Aires: Katz, 2006) y Kairós. Apología del tiempo oportuno, Barcelona: Gedisa, 2008.
Alberto F. Roldán
Buenos Aires, 3 de agosto de 2011
viernes, 8 de julio de 2011
Caricaturas de la teología de la liberación - Alberto F. Roldán
Rubem Alves - Teólogo brasileño (ISAL)
Gustavo Gutiérrez - Peruano. Teologia de la Liberación.
Todos sabemos lo que es una caricatura. Es un dibujo en el cual se exageran los rasgos característicos de una persona. De ese modo, si el sujeto en cuestión tiene una nariz grande, se la extiende para que aparezca como “narigón”. Lo mismo se hace si tiene una cabeza grande o un mentón grande. Algunas caricaturas son graciosas y tienen la capacidad de que el observador apenas las ve, identifica claramente de quien se trata, más allá de que lejos están de ser “fotografías” de las personas que representan. La palabra “caricatura” procede el italiano caricare y significa “exagerar”. Aunque creativas, las caricaturas terminan por distorsionar los rasgos del personaje en cuestión.
Las caricaturas no se aplican sólo a dibujos. También se aplican al lenguaje, sobre todo cuando quienes escriben sobre un tema en particular, en lugar de investigar antes, se hacen eco de frases hechas y lugares comunes. El fenómeno se puede aplicar a la teología de la liberación. Siendo un movimiento teológico latinoamericano que tuvo su génesis “oficial” en el Celam II (Medellín, 1968), hunde sus raíces en otro espacio teológico denominado ISAL (Iglesia y sociedad en América Latina, 1961). Mientras la teología de la liberación está asociada a teólogos de la Iglesia católica romana (Gustavo Gutiérrez, Leonardo y Clodovis Boff, Jon Sobrino, Juan Luis Segundo, entre otros) ISAL fue un espacio de teólogos protestantes (Richard Shaull, Rubém Alves, José Míguez Bonino, Emilio Castro, entre otros) que reflexionaron sobre los rápidos cambios sociales que se operaban en el mundo de la posguerra y las revoluciones sociales y políticas de los años 1960. Aunque ISAL fue pionera en estas cuestiones, por razones que no viene al caso mencionar aquí, no tuvo el desarrollo e impacto que alcanzó la teología de la liberación surgida en el seno del catolicismo latinoamericano.
Desde los sectores conservadores y fundamentalistas de las iglesias de América Latina (en la que debemos ubicar tanto a católico-romanos como evangélicos) a lo largo del desarrollo de la teología de la liberación se fueron acuñando expresiones descalificadoras de esa teología. Es preciso, entonces, encarar una especie de “desmitificación” de esas caricaturas. Dado el limitado especio de este artículo, me permito señalar sólo tres de ellas.
Primera caricatura (ideológica): “La teología de la liberación es marxismo y, como tal, niega a Dios e insta a la lucha armada.” En esta caricatura se mezcla algo de verdad con mucha mentira. En efecto, los teólogos de la liberación hacen uso consciente del marxismo como instrumental socioanalítico para elaborar su teología. Entendían que el marxismo representaba el marco teórico más idóneo para repensar el mensaje cristiano en la situación latinoamericana. Pero siempre distinguieron entre los aspectos metafísicos del marxismo y su valor como instrumental para analizar la sociedad y la política latinoamericanas. En su agudo análisis de la teología de la liberación que encara Míguez Bonino en La fe en busca de eficacia, el teólogo metodista argentino evalúa el tema del uso del marxismo. Algunos, admite, conciben el materialismo dialéctico e histórico “como una suerte de teoría metafísica, una formulación filosófica absoluta a la que se transfiere una especie de ciega adhesión como la que se pretendía para el dogma teológico.”1 Pero no es esa, precisamente, la tónica que dominó en las producciones de la teología de la liberación. Gutiérrez, por caso, tanto en su Teología de la liberación como en su tesis-defensa realizada en Bélgica en ocasión del otorgamiento del doctorado en teología, separó muy bien los campos: el de la teología como mediación hermenéutica y el de las ciencias sociales como mediación socioanalítica. Lo mismo planteó Clodovis Boff en su obra Teología de lo político, sus mediaciones. Por otra parte, como bien señaló Gutiérrez en su defensa, nunca estuvo en el pensamiento y en la intención de los teólogos de la liberación instar a la lucha de clases y, por ende, a la lucha armada, sino que más bien la lucha de clases era un indicativo más que un imperativo que se podía percibir en la historia de América latina.
Por otra parte, la caricatura ideológica que se hace de la teología de la liberación no toma en cuenta el contexto en que siempre se gesta una teología que responda a situaciones históricas concretas. Sus críticos, parten del supuesto errado de que es posible hacer teología desde un ámbito carente de ideologías. A este respecto, es oportuno recordar el sesudo trabajo de Juan Luis Segundo “Las ideologías y la fe”2 en el que, luego de analizar el concepto de ideología en relación a la fe, concluye en que ésta última “no consiste, pues, en la adhesión intelectual a un cierto contenido revelado como solución definitiva para problemas teóricos y prácticos”3 sino que es “la madurez para las ideologías, es la posibilidad de desempeñar plena y conscientemente el cometido ideológico del que depende la liberación real de los hombres.”4 Por su parte el ya citado Míguez Bonino critica esa pretendida “objetividad” carente de ideologías en las teologías occidentales señalando:
Basta una lectura somera de la historia de la interpretación en la teología europea, por ejemplo a partir del siglo XVIII, para desvanecer toda duda al respecto. Las exégesis “científicas”, “históricas” y “objetivas” se revelan plenas de presupuestos ideológicos.”5
Muchas de las teologías que se leen en América latina y que son forjadas en el Nordatlántico son expresiones de las más enérgicas ideologías pese a que se presenten como “evangélicas” y “bíblicas” ya que defienden las guerras (incluyendo las “preventivas”) la segregación racial y el dominio de las superpotencias sobre los pueblos débiles. Es aquello que Noam Chomski denomina creativamente “Estados canallas”. En otras palabras: no se trata de que la teología de la liberación sea “ideológica” mientras las teologías “evangélicas” son “bíblicas”, sino que las unas y las otras son portadoras de ideologías, sólo que de distinto signo.6
Segunda caricatura (teológica): “La teología de la liberación reduce el mensaje cristiano a agendas socioeconómicas y políticas.” En este caso estamos ante una caricatura teológica porque acusa a la teología de la liberación de reducir el mensaje cristiano a lo socioeconómico y político. A contrario sensu se podría decir que la realidad es exactamente al revés de lo que se argumenta. Una lectura somera de las obras sistemáticas de Leonardo Boff, Gustavo Gutiérrez, Jon Sobrino y Juan Luis Segundo, muestran que la producción de estos teólogos latinoamericanos dista de ser un reduccionismo como se pretende. Han abordado la totalidad de los temas de la teología sistemática cristiana: Dios, trinidad, cristología, antropología, soteriología, pneumatología, eclesiología y escatología. No hay tal cosa como un reduccionismo socioeconómico y político que desplace los temas clásicos de la teología. Tomando un tema en particular, la cristología, el aporte de la teología de la liberación ha sido decisivo en varios aspectos: uno, en recuperar la dimensión humana e histórica de Jesús de Nazaret7 aspecto eclipsado por cristologías trascendentes y docetas que subrayan lo divino de Jesucristo en detrimento de su dimensión humana e histórica; en segundo lugar, la teología de la liberación pone al descubierto los resortes políticos e ideológicos que condujeron a Jesús a la cruz, llámense el establishment religioso de los fariseos y maestros de la ley y los poderes políticos del Imperio Romano: Herodes, Poncio Pilatos, etc. En tercer lugar, la teología de la liberación, en lugar de reducir el significado de la “salvación” en términos de liberación, amplía el concepto hacia alcances sociales y políticos sin negar las dimensiones espirituales. A partir del paradigma del “éxodo”, central en la narrativa bíblica, la teología de la liberación va más allá de una mera “salvación del alma” o de la persona o de las familias para reflexionar sobre las dimensiones sociales del pecado, lo que Gutiérrez llama “jamartiósfera” (pecado estructural) y del que ya hablaron los profetas de Israel cuando señalaban la opresión de los ricos sobre los pobres. Toma conciencia, también, del mensaje y de la praxis de Jesús de Nazaret en su reivindicación de los pobres “en espíritu” y “pobres desclasados”.
Tercera caricatura (eclesiológica): “Los teólogos de la liberación optaron por los pobres y los pobres optaron por los pentecostales.” Esta tercera caricatura acaso mezcle lo teórico-reflexivo con lo eclesiológico-empírico. Habría que preguntarse ¿en qué sentido los pobres optaron por los pentecostales? Toda opción es el resultado de un conocimiento previo de aquello por lo que se opta y, en este caso, es dudoso que los pobres considerados como un colectivo social hayan conocido la teología de la liberación con cierta profundidad como para rechazarla y, en consecuencia, optar después por los pentecostales. Esto, dicho sin ningún tenor peyorativo hacia una expresión del evangelicalismo que ha tenido un crecimiento notable en América Latina. Pero si de crecimiento numérico se trata, no creo que haya estado en la mente de los teólogos de la liberación ese tema en el sentido de la sumatoria de convertidos a la fe del Evangelio y la creación de megaiglesias para impactar al mundo. La opción por los pobres fue un concepto derivado del Evangelio y tiene fundamento nada más y nada menos que en las palabras de Jesús: “Dichosos ustedes los pobres, porque el reino de Dios les pertenece” (Lc. 6.20 NVI); “a los pobres se les anuncian las buenas nuevas” (Lc. 7.22); “El Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido para buenas nuevas a los pobres” (Lc. 4.18). Los pobres son tanto objeto como sujeto de la liberación que opera Dios en Jesucristo.8 Cuando se critica a la teología de la liberación por un supuesto “fracaso” en sus predicciones o en su papel liberador, habría que recordar que se está confundiendo lo teórico con lo empírico. Si la missio Dei consiste en aumentar el número de miembros de iglesias a los cuales no hay que enseñar la palabra de Dios y mucho menos ayudarles a pensar su fe, entonces se podría decir que la teología de la liberación fracasó. Pero nunca estuvo en su intención reducir la misión al incremento de convertidos como si ello, ipso facto, derivaría en un cambio social profundo y sostenido. De hecho, en los países donde se evidenció un crecimiento cuantitativo de evangélicos, lejos estuvo de materializarse un cambio social y político de grandes dimensiones como lo fue, mal que pese a muchos, la Reforma Protestante. Criticar a la teología de la liberación como una teorización sin sentido es no entender la naturaleza de un texto que, al decir de Paul Ricoeur es “todo discurso fijado por la escritura.”9 Como tal, adquiere una autonomía propia más allá de las intenciones de su autor y se enriquece en múltiples lecturas y relecturas. Si algo tiene de virtud la teología de la liberación es haber producido una obra de amplios alcances como un nuevo modo de hacer teología desde la praxis y que, asumiendo el círculo hermenéutico, implica la puesta en práctica de las sospechas ideológica, teológica y exegética que alumbren a una nueva hermenéutica acorde a los nuevos tiempos.10 Criticar a la teología de la liberación mediante señalamientos carentes de rigor académico termina por convertirla en una caricatura que distorsiona su imagen y su mensaje.
NOTAS:
1 José Míguez Bonino, La fe en busca de eficacia, Salamanca: Sígueme, 1977, p. 210 (Esta obra es la traducción del original inglés: Doing Theology in a Revolutionary Situation).
2 Juan Luis Segundo, “Las ideologías y la fe” en Liberación de la teología, Buenos Aires: Carlos Lohlé, 1975, cap. IV, pp. 111-140
3 Ibid., p. 140
4 Ibid.
5 Op. Cit., p. 128
6 Como botón de muestra, véase el modo en que George Ladd relee un pasaje del Sermón del Monte. Comentando el mandato de Jesús: “No resistáis al que es malo” (Mt. 5.38, 42), dice: “Si se ha de acatarlo en forma literal estricta, éste sería el inevitable y frecuente resultado. Si las naciones occidentales practicaran literalmente la no resistencia y liquidaran todos los recursos militares, nos encontraríamos de inmediato con una tiranía mundial del comunismo.” George E. Ladd, El Evangelio del Reino, Miami: Caribe, 1974, p. 90. Está de más preguntarse si esta reflexión es ideológicamente aséptica o, por el contrario, es portadora de una clara y definida ideología a favor del armamentismo.
7 Mencionemos aquí los trabajos de Jon Sobrino, Jesús en América Latina, Santander: Sal Terrae, 1982 y Jesucristo liberador. Lectura histórica-teológica de Jesús de Nazaret, San Salvador: UCA, 1991. He analizado el tema del Reino en la teología de Sobrino en mi reciente Reino, política y misión, Lima: Ediciones Puma, 2011, capítulo 2. De paso, recordemos que Sobrino fue sancionado por la jerarquía católica romana por su cristología que juzga “deficiente”. También son dignos de tomar en cuenta los volúmenes de Juan Luis Segundo, El hombre de hoy ante Jesús de Nazaret, publicados por Ediciones Cristiandad.
8 Para un estudio profundo de los pobres como objeto y sujeto de la liberación en la teología de Juan Luis Segundo, véase David A. Roldán, Teología crítica de la liberación. Un replanteo desde el problema de la interioridad y la exterioridad. Con atención especial a Juan Luis Segundo y José Míguez Bonino, tesis de doctorado en teología, Buenos Aires, 2011, cap. 6.
9 Paul Ricoeur, Del texto a la acción, Buenos Aires: FCE, 2000, p. 127.
10 Para una aplicación del círculo hermenéutico a las teologías de Juan Calvino y Karl Barth, véase Alberto F. Roldán, Reino, política y misión, cap. 6.
Alberto F. Roldán es doctor en teología por el Instituto Universitario Isedet y master en ciencias sociales y humanidades (filosofía social y política) por la Universidad Nacional de Quilmes.
Ramos Mejía, 17 de junio de 2011
Gustavo Gutiérrez - Peruano. Teologia de la Liberación.
Todos sabemos lo que es una caricatura. Es un dibujo en el cual se exageran los rasgos característicos de una persona. De ese modo, si el sujeto en cuestión tiene una nariz grande, se la extiende para que aparezca como “narigón”. Lo mismo se hace si tiene una cabeza grande o un mentón grande. Algunas caricaturas son graciosas y tienen la capacidad de que el observador apenas las ve, identifica claramente de quien se trata, más allá de que lejos están de ser “fotografías” de las personas que representan. La palabra “caricatura” procede el italiano caricare y significa “exagerar”. Aunque creativas, las caricaturas terminan por distorsionar los rasgos del personaje en cuestión.
Las caricaturas no se aplican sólo a dibujos. También se aplican al lenguaje, sobre todo cuando quienes escriben sobre un tema en particular, en lugar de investigar antes, se hacen eco de frases hechas y lugares comunes. El fenómeno se puede aplicar a la teología de la liberación. Siendo un movimiento teológico latinoamericano que tuvo su génesis “oficial” en el Celam II (Medellín, 1968), hunde sus raíces en otro espacio teológico denominado ISAL (Iglesia y sociedad en América Latina, 1961). Mientras la teología de la liberación está asociada a teólogos de la Iglesia católica romana (Gustavo Gutiérrez, Leonardo y Clodovis Boff, Jon Sobrino, Juan Luis Segundo, entre otros) ISAL fue un espacio de teólogos protestantes (Richard Shaull, Rubém Alves, José Míguez Bonino, Emilio Castro, entre otros) que reflexionaron sobre los rápidos cambios sociales que se operaban en el mundo de la posguerra y las revoluciones sociales y políticas de los años 1960. Aunque ISAL fue pionera en estas cuestiones, por razones que no viene al caso mencionar aquí, no tuvo el desarrollo e impacto que alcanzó la teología de la liberación surgida en el seno del catolicismo latinoamericano.
Desde los sectores conservadores y fundamentalistas de las iglesias de América Latina (en la que debemos ubicar tanto a católico-romanos como evangélicos) a lo largo del desarrollo de la teología de la liberación se fueron acuñando expresiones descalificadoras de esa teología. Es preciso, entonces, encarar una especie de “desmitificación” de esas caricaturas. Dado el limitado especio de este artículo, me permito señalar sólo tres de ellas.
Primera caricatura (ideológica): “La teología de la liberación es marxismo y, como tal, niega a Dios e insta a la lucha armada.” En esta caricatura se mezcla algo de verdad con mucha mentira. En efecto, los teólogos de la liberación hacen uso consciente del marxismo como instrumental socioanalítico para elaborar su teología. Entendían que el marxismo representaba el marco teórico más idóneo para repensar el mensaje cristiano en la situación latinoamericana. Pero siempre distinguieron entre los aspectos metafísicos del marxismo y su valor como instrumental para analizar la sociedad y la política latinoamericanas. En su agudo análisis de la teología de la liberación que encara Míguez Bonino en La fe en busca de eficacia, el teólogo metodista argentino evalúa el tema del uso del marxismo. Algunos, admite, conciben el materialismo dialéctico e histórico “como una suerte de teoría metafísica, una formulación filosófica absoluta a la que se transfiere una especie de ciega adhesión como la que se pretendía para el dogma teológico.”1 Pero no es esa, precisamente, la tónica que dominó en las producciones de la teología de la liberación. Gutiérrez, por caso, tanto en su Teología de la liberación como en su tesis-defensa realizada en Bélgica en ocasión del otorgamiento del doctorado en teología, separó muy bien los campos: el de la teología como mediación hermenéutica y el de las ciencias sociales como mediación socioanalítica. Lo mismo planteó Clodovis Boff en su obra Teología de lo político, sus mediaciones. Por otra parte, como bien señaló Gutiérrez en su defensa, nunca estuvo en el pensamiento y en la intención de los teólogos de la liberación instar a la lucha de clases y, por ende, a la lucha armada, sino que más bien la lucha de clases era un indicativo más que un imperativo que se podía percibir en la historia de América latina.
Por otra parte, la caricatura ideológica que se hace de la teología de la liberación no toma en cuenta el contexto en que siempre se gesta una teología que responda a situaciones históricas concretas. Sus críticos, parten del supuesto errado de que es posible hacer teología desde un ámbito carente de ideologías. A este respecto, es oportuno recordar el sesudo trabajo de Juan Luis Segundo “Las ideologías y la fe”2 en el que, luego de analizar el concepto de ideología en relación a la fe, concluye en que ésta última “no consiste, pues, en la adhesión intelectual a un cierto contenido revelado como solución definitiva para problemas teóricos y prácticos”3 sino que es “la madurez para las ideologías, es la posibilidad de desempeñar plena y conscientemente el cometido ideológico del que depende la liberación real de los hombres.”4 Por su parte el ya citado Míguez Bonino critica esa pretendida “objetividad” carente de ideologías en las teologías occidentales señalando:
Basta una lectura somera de la historia de la interpretación en la teología europea, por ejemplo a partir del siglo XVIII, para desvanecer toda duda al respecto. Las exégesis “científicas”, “históricas” y “objetivas” se revelan plenas de presupuestos ideológicos.”5
Muchas de las teologías que se leen en América latina y que son forjadas en el Nordatlántico son expresiones de las más enérgicas ideologías pese a que se presenten como “evangélicas” y “bíblicas” ya que defienden las guerras (incluyendo las “preventivas”) la segregación racial y el dominio de las superpotencias sobre los pueblos débiles. Es aquello que Noam Chomski denomina creativamente “Estados canallas”. En otras palabras: no se trata de que la teología de la liberación sea “ideológica” mientras las teologías “evangélicas” son “bíblicas”, sino que las unas y las otras son portadoras de ideologías, sólo que de distinto signo.6
Segunda caricatura (teológica): “La teología de la liberación reduce el mensaje cristiano a agendas socioeconómicas y políticas.” En este caso estamos ante una caricatura teológica porque acusa a la teología de la liberación de reducir el mensaje cristiano a lo socioeconómico y político. A contrario sensu se podría decir que la realidad es exactamente al revés de lo que se argumenta. Una lectura somera de las obras sistemáticas de Leonardo Boff, Gustavo Gutiérrez, Jon Sobrino y Juan Luis Segundo, muestran que la producción de estos teólogos latinoamericanos dista de ser un reduccionismo como se pretende. Han abordado la totalidad de los temas de la teología sistemática cristiana: Dios, trinidad, cristología, antropología, soteriología, pneumatología, eclesiología y escatología. No hay tal cosa como un reduccionismo socioeconómico y político que desplace los temas clásicos de la teología. Tomando un tema en particular, la cristología, el aporte de la teología de la liberación ha sido decisivo en varios aspectos: uno, en recuperar la dimensión humana e histórica de Jesús de Nazaret7 aspecto eclipsado por cristologías trascendentes y docetas que subrayan lo divino de Jesucristo en detrimento de su dimensión humana e histórica; en segundo lugar, la teología de la liberación pone al descubierto los resortes políticos e ideológicos que condujeron a Jesús a la cruz, llámense el establishment religioso de los fariseos y maestros de la ley y los poderes políticos del Imperio Romano: Herodes, Poncio Pilatos, etc. En tercer lugar, la teología de la liberación, en lugar de reducir el significado de la “salvación” en términos de liberación, amplía el concepto hacia alcances sociales y políticos sin negar las dimensiones espirituales. A partir del paradigma del “éxodo”, central en la narrativa bíblica, la teología de la liberación va más allá de una mera “salvación del alma” o de la persona o de las familias para reflexionar sobre las dimensiones sociales del pecado, lo que Gutiérrez llama “jamartiósfera” (pecado estructural) y del que ya hablaron los profetas de Israel cuando señalaban la opresión de los ricos sobre los pobres. Toma conciencia, también, del mensaje y de la praxis de Jesús de Nazaret en su reivindicación de los pobres “en espíritu” y “pobres desclasados”.
Tercera caricatura (eclesiológica): “Los teólogos de la liberación optaron por los pobres y los pobres optaron por los pentecostales.” Esta tercera caricatura acaso mezcle lo teórico-reflexivo con lo eclesiológico-empírico. Habría que preguntarse ¿en qué sentido los pobres optaron por los pentecostales? Toda opción es el resultado de un conocimiento previo de aquello por lo que se opta y, en este caso, es dudoso que los pobres considerados como un colectivo social hayan conocido la teología de la liberación con cierta profundidad como para rechazarla y, en consecuencia, optar después por los pentecostales. Esto, dicho sin ningún tenor peyorativo hacia una expresión del evangelicalismo que ha tenido un crecimiento notable en América Latina. Pero si de crecimiento numérico se trata, no creo que haya estado en la mente de los teólogos de la liberación ese tema en el sentido de la sumatoria de convertidos a la fe del Evangelio y la creación de megaiglesias para impactar al mundo. La opción por los pobres fue un concepto derivado del Evangelio y tiene fundamento nada más y nada menos que en las palabras de Jesús: “Dichosos ustedes los pobres, porque el reino de Dios les pertenece” (Lc. 6.20 NVI); “a los pobres se les anuncian las buenas nuevas” (Lc. 7.22); “El Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido para buenas nuevas a los pobres” (Lc. 4.18). Los pobres son tanto objeto como sujeto de la liberación que opera Dios en Jesucristo.8 Cuando se critica a la teología de la liberación por un supuesto “fracaso” en sus predicciones o en su papel liberador, habría que recordar que se está confundiendo lo teórico con lo empírico. Si la missio Dei consiste en aumentar el número de miembros de iglesias a los cuales no hay que enseñar la palabra de Dios y mucho menos ayudarles a pensar su fe, entonces se podría decir que la teología de la liberación fracasó. Pero nunca estuvo en su intención reducir la misión al incremento de convertidos como si ello, ipso facto, derivaría en un cambio social profundo y sostenido. De hecho, en los países donde se evidenció un crecimiento cuantitativo de evangélicos, lejos estuvo de materializarse un cambio social y político de grandes dimensiones como lo fue, mal que pese a muchos, la Reforma Protestante. Criticar a la teología de la liberación como una teorización sin sentido es no entender la naturaleza de un texto que, al decir de Paul Ricoeur es “todo discurso fijado por la escritura.”9 Como tal, adquiere una autonomía propia más allá de las intenciones de su autor y se enriquece en múltiples lecturas y relecturas. Si algo tiene de virtud la teología de la liberación es haber producido una obra de amplios alcances como un nuevo modo de hacer teología desde la praxis y que, asumiendo el círculo hermenéutico, implica la puesta en práctica de las sospechas ideológica, teológica y exegética que alumbren a una nueva hermenéutica acorde a los nuevos tiempos.10 Criticar a la teología de la liberación mediante señalamientos carentes de rigor académico termina por convertirla en una caricatura que distorsiona su imagen y su mensaje.
NOTAS:
1 José Míguez Bonino, La fe en busca de eficacia, Salamanca: Sígueme, 1977, p. 210 (Esta obra es la traducción del original inglés: Doing Theology in a Revolutionary Situation).
2 Juan Luis Segundo, “Las ideologías y la fe” en Liberación de la teología, Buenos Aires: Carlos Lohlé, 1975, cap. IV, pp. 111-140
3 Ibid., p. 140
4 Ibid.
5 Op. Cit., p. 128
6 Como botón de muestra, véase el modo en que George Ladd relee un pasaje del Sermón del Monte. Comentando el mandato de Jesús: “No resistáis al que es malo” (Mt. 5.38, 42), dice: “Si se ha de acatarlo en forma literal estricta, éste sería el inevitable y frecuente resultado. Si las naciones occidentales practicaran literalmente la no resistencia y liquidaran todos los recursos militares, nos encontraríamos de inmediato con una tiranía mundial del comunismo.” George E. Ladd, El Evangelio del Reino, Miami: Caribe, 1974, p. 90. Está de más preguntarse si esta reflexión es ideológicamente aséptica o, por el contrario, es portadora de una clara y definida ideología a favor del armamentismo.
7 Mencionemos aquí los trabajos de Jon Sobrino, Jesús en América Latina, Santander: Sal Terrae, 1982 y Jesucristo liberador. Lectura histórica-teológica de Jesús de Nazaret, San Salvador: UCA, 1991. He analizado el tema del Reino en la teología de Sobrino en mi reciente Reino, política y misión, Lima: Ediciones Puma, 2011, capítulo 2. De paso, recordemos que Sobrino fue sancionado por la jerarquía católica romana por su cristología que juzga “deficiente”. También son dignos de tomar en cuenta los volúmenes de Juan Luis Segundo, El hombre de hoy ante Jesús de Nazaret, publicados por Ediciones Cristiandad.
8 Para un estudio profundo de los pobres como objeto y sujeto de la liberación en la teología de Juan Luis Segundo, véase David A. Roldán, Teología crítica de la liberación. Un replanteo desde el problema de la interioridad y la exterioridad. Con atención especial a Juan Luis Segundo y José Míguez Bonino, tesis de doctorado en teología, Buenos Aires, 2011, cap. 6.
9 Paul Ricoeur, Del texto a la acción, Buenos Aires: FCE, 2000, p. 127.
10 Para una aplicación del círculo hermenéutico a las teologías de Juan Calvino y Karl Barth, véase Alberto F. Roldán, Reino, política y misión, cap. 6.
Alberto F. Roldán es doctor en teología por el Instituto Universitario Isedet y master en ciencias sociales y humanidades (filosofía social y política) por la Universidad Nacional de Quilmes.
Ramos Mejía, 17 de junio de 2011
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