lunes, 29 de julio de 2013

Francisco en Río de Janeiro: mensaje cristocéntrico ¿liturgia evangélica?








Si nos atenemos estrictamente a los gestos y a los mensajes del papa Francisco en la Jornada Mundial de la Juventud desarrollada en Río de Janeiro, podemos afirmar, sin titubeos, que esos mensajes fueron plena y claramente cristocéntricos. Permanentemente habló de Jesús e instó a los jóvenes al discipulado y a la evangelización. Usó, inteligente y creativamente, las imágenes futbolísticas en expresiones como “ir al frente”, “ser protagonistas” , dejar de “balconear” y “salir a la calle” para dar testimonio del Evangelio.
Por otro lado, llamó la atención la liturgia utilizada. Incluyó testimonios de cambios de vida, de “conversiones”, de “milagros” y los cánticos en su gran mayoría fueron festivos y celebratorios. Estos aspectos de la magna celebración de la misa y de la vigilia de oración, merecen ser tenidos en cuenta por dos razones: una, porque marcan un cambio bastante pronunciado con respecto al papado de Benedicto XVI que reivindicó el latín en celebración de la misa y otra, muy importante, porque denotan cierta mimetización del culto evangélico y, sobre todo, pentecostal y neopentecostal, abundante en canciones, danza, fiesta, con testimonios de cambios de vida y llamados a la conversión o a la consagración.

Es aquí donde habría que reflexionar profundamente. Porque si la liturgia católica romana adopta, consciente o inconscientemente, los rasgos propios del espectro evangelical y, sobre todo, pentecostal y neopentecostal -adopción legítima por cierto- ello implicaría que entonces lo que hacen esas iglesias en términos de discurso, testimonios y liturgia no es tan malo ya que puede tornase de alguna manera en un modelo a imitar. Lo segundo, y más inquietante, esa aparente mimetización del culto de los evangélicos y pentecostales implicaría que la Iglesia Católica Apostólica Romana debería revisar ciertos documentos que a la luz de esos hechos resultan anacrónicos. Nos referimos, en particular, al Dominus Iesus elaborado por el entonces Cardenal Ratzinger, que en su parte medular sobre la eclesiología niega el carácter plenamente eclesial de las iglesias surgidas en la Reforma y, naturalmente, de las iglesias evangélicas y pentecostales. Es de esperar que el papado de Francisco que ha comenzado de modo tan auspicioso, profundice las transformaciones que hasta ahora se han visto en el discurso y en la liturgia. Esos cambios deberían conducir a un ecumenismo que reconozca nuestra unidad en Cristo dentro de la diversidad en el modo de ser iglesia en un mundo atravesado por el pluralismo y el diálogo interreligioso. 

Alberto F. Roldán
Ramos Mejía, Buenos Aires, 29 de julio de 2013. Publicado también en Ecupress. 

lunes, 22 de julio de 2013

La creación levanta su cabeza para contemplar el nuevo mundo
Iglesia y ecología
Alberto F. Roldán






El problema ecológico es un fenómeno en cierto modo reciente en la historia de la humanidad.  Surge a partir de la constatación de que los recursos naturales no son renovables ni inagotables. Una de sus causales radica en la industrialización indiscriminada, en la cual no se toman en cuenta sus consecuencias humanas y ambientales o lo que hoy se denomina: “daños colaterales”. El ser humano occidental, influido por falsas ideas con aparente fundamentación bíblica, hizo que explotara la naturaleza considerándola un bien manipulable a su antojo. Decimos “aparente”, porque todo se origina en una falsa interpretación del mandato bíblico: “llenen la tierra y sométanla” (Génesis 1.28 NVI). La lectura que se hizo de ese mandato derivó en que un dominio explotador antes que en una mayordomía responsable.
Una correcta lectura del testimonio bíblico muestra claramente que Dios pone al ser humano en la tierra para que sea su administrador de los recursos para el bien de toda la humanidad. La tierra sigue siendo propiedad de Dios (Salmo 24.1) y es dada por Él a los seres humanos para que la administren sabia y responsablemente. El Antiguo Testamento incluye algunas leyes para que el pueblo de Dios cuidara la tierra. En Levítico 25 se establece lo siguiente:
“Durante seis años sembrarás tus campos, podarás tus viñas y cosecharás sus productos; pero llegado el séptico año la tierra gozará de un año de reposo en honor al SEÑOR. No sembrarás tus campos ni podarás tus viñas; no segarás lo que haya brotado por sí mismo ni vendimiarás las uvas de tus viñas no cultivadas. La tierra gozará de un año completo de reposo.” (vv. 3-5 NVI).
La disposición divina denota claramente que la tierra debe ser cuidada, que necesita reposo, que no es un bien inagotable y mucho menos un objeto a explotar. Hoy por hoy asistimos al problema de una industrialización que no admite límites y a un uso indiscriminado de la tierra, la cual es sometida a monocultivos que traen sus consecuencias a mediano y largo plazo.
Todo esto es preciso que sea analizado desde una óptica teológica en la cual siempre debe privilegiarse la vida en todas sus manifestaciones. Bien dice el teólogo reformado Jürgen Moltmann:
“Hay que examinar detenidamente toda propiedad humana, en especial la gran propiedad industrial y los medios de transporte, en función de su incidencia medioambiental. Todo cuanto dañe o destruya el medio ambiente natural ha de ser restringido o suprimido totalmente. […] Es preciso desenmascarar como ‘antinatural’ e ‘insano’ el modo de vida, propio de los países desarrollados, que produce tantos residuos, y reformarlo a favor de un modo de vida más natural.” (La justicia crea futuro, pp. 26-27).
Estas recomendaciones corresponden a la función profética de la Iglesia que debe señalar no sólo las injusticias que se cometen en la relación persona a persona, es decir, intersubjetiva, sino también desde los seres humanos hacia la creación, ya que entre los seres humanos y la creación existe una relación inextricable y vinculante. Con gran agudeza y visión profética, San Pablo escribe:
“La creación aguarda con ansiedad la revelación de los hijos de Dios, porque fue sometida a la frustración. Esto no sucedió por su propia voluntad, sino por la del que así lo dispuso. Pero queda la firma esperanza de que la creación misma ha de ser liberada de la corrupción que la esclaviza, para así alcanzar la gloriosa libertad de los hijos de Dios.” (Romanos 8.19-21).
Cuando en los años 1980 intenté hacer una tesis a partir de este pasaje paulino, recuerdo que no encontré demasiada bibliografía para el tema. Hoy por hoy, el problema ecológico es una realidad global que ya nadie puede negar y, por supuesto, la bibliografía sobre el tema se ha multiplicado. ¿Qué nos dice el pasaje transcripto? Pablo afirma que el pecado humano no sólo ha afectado al individuo sino a la sociedad en su conjunto y aún a la creación (lo que muchos no creyentes denominan “Naturaleza”). La creación en su conjunto ha sido sometida a frustración y a una corrupción que la esclaviza. Pero esto no es definitivo. Si bien Dios ha determinado que, como consecuencia del pecado humano la tierra produzca “espinos y cardos”, hay esperanza de un futuro mejor. La creación experimentará un día la libertad gloriosa que corresponde a los hijos de Dios. En otras palabras, una vez que los hijos e hijas de Dios experimenten la redención de sus cuerpos, también la creación que hoy “levanta su cabeza” para contemplar la redención final: el nuevo mundo. No en vano las promesas de Dios incluyen no sólo un cielo nuevo, sino también una tierra nueva (2 P. 3.13; Ap. 21.1).
La Iglesia es responsable ante Dios por el cuidado de la creación. Esa misión consiste, entre otras dimensiones, en hacer oír su voz profética toda vez que se explote la tierra, sin considerar las nefastas consecuencias, la contaminación y la muerte que ello produce. Pero tiene también una función docente y ejemplar, en el sentido de formar ciudadanos y ciudadanas responsables del cuidado del medio ambiente. Debemos confesar que no fueron los cristianos y cristianas que formularon las voces de advertencia sobre el problema ecológico. Más bien, el problema fue señalado desde ámbitos orientalistas. Es hora de que la Iglesia tome conciencia de que su misión no se reduce a “salvar almas y llevarlas al cielo lo antes posible”, sino que incluye la transformación de las personas en todas sus dimensiones y el cuidado de la creación. El propósito de Dios es cósmico e incluye la reconciliación de todas las cosas del cielo y de la tierra, en Cristo (Colosenses 1.20).  Mientras aguardamos con anhelo la llegada del nuevo mundo de Dios somos responsables del cuidado de este viejo mundo en el cual Dios nos ha colocado para administrarlo para Su gloria y el bien de toda la humanidad.


miércoles, 17 de julio de 2013

Fue presentado en Bahía Blanca el libro: JOSÉ MIGUEZ BONINO: UNA TEOLOGÍA ENCARNADA

Por Aníbal Sicardi.
Bahía Blanca.
Las apasionantes y complicadas décadas del 60 y 70 del siglo pasado, fueron el marco histórico utilizado por el Dr. Alberto Roldán para contextualizar  las líneas directrices que desarrolla en su libro “José Míguez Bonino: Una Teología Encarnada” que se presentó como primicia en la Iglesia Metodista Central de Bahía Blanca el lunes 15 de julio.
La ubicación histórica resulta fundamental para entender las definiciones de Míguez Bonino y su proposición del evangelio “encarnado” en la vida humana. Roldán trajo a colación la ponencia del teólogo metodista en el II Encuentro de la Fraternidad Teológica Latinoamericana realizado en Lima  en diciembre de 1972, titulada “El Reino de Dios y la historia”.
“Su punto de partida fue una cuestión inquisitiva” comentó Roldán cuando Míguez Bonino afirma que “entender la presencia activa del reino en nuestra historia es que podamos adecuar a ella nuestro testimonio y acción, particularmente en esta hora concreta de América Latina en que nos ha sido dado profesar nuestra fe y servir”.
El Director de Posgrado del Instituto Teológico FIET apreció “que de esta manera el Reino se lo discierne y descubre no a partir de elucubraciones y planteos teóricos sino en la obediencia activa en pro de la justicia y la paz que el Reino trae” y que “lo decisivo radica en como cada uno de nosotros nos involucramos obedientemente en el aquí y ahora de nuestros pueblos”
El disertante especificó que esa ponencia “fue la más debatidas de todas”, afirmación que el auditorio comprendió cuando Roldan ilustró que en esa presentación  Míguez Bonino “hace su propia opción ideológica por el socialismo ya que el involucramiento social, político y económico demanda salir de una ´supuesta situación neutral o esquema abstracto´ e implica la toma de posición ideológica con todas las limitaciones y contradicciones que pudiera tener”
El autor del libro amplió la contextualización histórica  al informar que en esa época se encontraba con vigor el movimiento “Cristianos por el socialismo” y también el aspecto teológico en cuanto a la toma de posiciones, “en obediencia al Reino”, con sus limitaciones y aspectos controvertidos.
Por un lado se asoció en criticar el equívoco “de que se puede ser aséptico en la interpretación de la Biblia y que siempre hay posturas tomadas detrás cada posición” y que esa “fragilidad” en las decisiones se  encuentra en el centro mismo de “la encarnación”, “el Dios hecho humano mostrando su debilidad”. Concepto que décadas después expondría el filósofo italiano Gianni Vattimo a  partir del “vaciamiento de Dios” (kenosis) en Filipenses capítulo dos y desde el cual se atreve a desmitificar la moral, recrear el concepto de secularización y sorprender con la consigna  de “creer que se cree”
Resultó significativo que al mencionar las influencias de pensadores sobre Miguez Bonino, además de Karl Barth, Roldán mencionara a Paul Tillich, el de la relación fe y cultura, actualmente poco leído en facultades y seminarios teológicos, y al filósofo Paul Ricoeur.  
Sobre Ricoeur apuntó en dos cuestiones. Una de ellas en la metodología. Al preguntarse sobre “¿Qué rasgos principales tiene la teología de Míguez Bonino” sostuvo que “Es una teología reflexiva” comparando su estilo al de Ricoeur “cuya filosofía se caracteriza por la reflexión sobre diferentes corrientes” Así Míguez Bonino “profundiza e indaga sobre lo ya escrito, a los fines de recontextualizar el pensamiento teológico” siendo de esa forma una teología “interrogativa antes que asertiva”  abrevando “en los filósofos clásicos, como Platón y Aristóteles y en los máximos exponentes de la filosofía política como Maquiavelo, Hobbes, Marx y la escuela de Frankfurt”
En esa instancia el orador creyó conveniente esclarecer que la teología de Míguez Bonino “no es la que se conoce como sistemática con un tomo uno, un tomo dos sino que tiene otras formas de exposición”  
Roldán se introdujo en un tema para meditar y que surge desde su propia afirmación cuando sostuvo que “debemos romper con los moldes que heredamos desde la teología europea” por  lo que cabe preguntarse si en la exposición teológica no debemos abandonar esa proposición de la “sistemática” y apuntar en la metodología vivencial de Míguez Bonino que Roldán la asocia a la de Juan Luis Segundo. El relato, la crónica, la novela son géneros esenciales en el pensamiento latinoamericano y por medio del cual se redescubre al Dios Escondido, como lo demuestran los trabajos de Luis Rivera Pagán de Puerto Rico.  Sabido es que utilizar determinada metodología es entramparse en la lógica que impone ese sistema.
El otro aspecto de Míguez Bonino similar al de Paul Ricoeur es que al igual que el filósofo, del cual en este 2013 se celebran los cien años de su nacimiento,  “se proponen pensar y dialogar”.
“Paul Ricoeur. Los sentidos de una vida” es el título de una  biografía sobre el filósofo escrita por el profesor FrancoiseDosse, historiador y epistemólogo francés. Dosse explica que el título “Los sentidos de una vida” se fundamenta en que ”hay una pluralidad  de sentidos. Ricoeur es un filósofo del diálogo. Sus sentidos son de naturaleza diferente y muy plural…nunca hay un sentido monovalente, totalizador, totalitario, hay una especie de pluralidad de los seres”
Por su parte Roldán especifica que “El método y estilo con que Míguez  Bonino ha escrito su teología es utilizando fórmulas y avanzando proposiciones un tanto desprotegidas y cuestionables, destinadas más a invitar a un diálogo comprometido de articulaciones divergentes”
Roldán tuvo cuidado de mencionar la importancia de La Trinidad en el pensamiento de José Míguez Bonino, aspecto de poca o ninguna referencia  en quienes se preocupan por dar a conocer las posiciones del pastor metodista. El autor del libro “Una teología encarnada” rescata que Míguez Bonino coloca la Trinidad ”como criterio hermenéutico de una teología latinoamericana” es decir, subraya la misión desde la comprensión trinitaria.
 Resumió en tres aspectos lo que expresa el que fue el único observador protestante latinoamericano en Vaticano II. ”La Trinidad como la expresión de lo que la Escritura revela acerca de la historia de Dios con su pueblo; enfatiza que la prioridad de las personas de la trinidad es la comunión y que el Dios trino es el que actúa siempre en el mundo concertadamente como Padre, Hijo y Espíritu Santo”   

El libro “José Míguez Bonino: Una Teología Encarnada” tiene  como autores a Alberto F. Roldán y David A.Roldán. Fue publicado por SAGEPE Editores. Sandra Pedace estuvo a cargo de la edición y Diego Barletta es responsable de la Ilustración de la Portada que incluye una distinguida caricatura de José Míguez Bonino.+ (PE)

viernes, 24 de mayo de 2013

DECLARACIÓN SOBRE LA VIOLENTA REPRESIÓN EN CASTELLI, CHACO





La Iglesia Metodista lamenta y condena la violenta represión ejercida contra los movimientos sociales integrados por indígenas, criollos y gringos en J.J. Castelli, Chaco, mientras reclamaban por la distribución de módulos alimentarios en la madrugada del 22 de mayo. La muerte de Florentín Díaz y decenas de heridos y detenidos desnuda una ostensible discriminación y desprecio hacia los pueblos originarios, así como la violación de sus derechos, lo que ha sido manifestado de manera reiterada en diversos espacios públicos.

El cuidado y protección de las personas debe ser el interés supremo de todo Estado en sus niveles municipales, provinciales y nacionales. Por ello nos solidarizamos con la población que ha sufrido esta violenta represión policial y rogamos por todos los que trabajan para construir una comunidad solidaria y en paz.

Desde nuestra convicción cristiana denunciamos esta violencia a la vez que oramos y apelamos a que se busquen instancias de diálogo y encuentro para superar esta tensión social que destruye a los más vulnerables y el tejido social en su conjunto. Es imperioso establecer un diálogo basado en el respeto donde la justicia permita proveer a las necesidades de la comunidad toda.

Nuestra fe se sustenta en la convicción de que Dios en Jesucristo nos exhorta permanentemente a pensar y actuar a favor de cada ser humano y cooperar para que los derechos de los más desprotegidos sean preservados. Todo ser humano tiene el derecho a ser escuchado y a vivir en una comunidad donde, sin distinción, pueda crecer y desarrollarse.

“Dichosos los que trabajan por la paz, porque Dios los llamará hijos suyos.” (Mateo 5:9)

 Buenos Aires, 24 de mayo de 2013

Pastor Frank de Nully Brown

Obispo de la Iglesia Evangélica Metodista Argentina

 

sábado, 4 de mayo de 2013

A 200 años del nacimiento de Sören Kierkegaard

 AFP


Sören Kierkegaard nació en Copenhague el 5 de mayo de 1813. De modo que éste 5 de mayo de 2013 se cumplen doscientos años del hecho. Fue el séptimo hijo de Michael, un rico comerciante y de Ann, empleada doméstica. Formado en un ambiente familiar luterano muy estricto, en 1830 ingresó a la Universidad de Copenhague para estudiar teología. En mayo de 1837 conoce a Regina Olsen con quien cuatro años después se compromete pero unos dos meses más tarde rompe la relación.

En 1840 obtiene su título con la tesis: Sobre el concepto de ironía, con especial referencia a Sócrates.

En 1841 escribe su libro Temor y temblor, donde reflexiona sobre la fe a partir del relato bíblico de Abraham cuando está dispuesto a sacrificar a su hijo Isaac. Es desde allí que Kierkegaard postula a la fe como paradoja y pasión. El propio autor previó la importancia futura de ese texto cuando escribió en una carta:

“Cuando yo haya muerto bastará mi libro Temor y temblor para convertirme en un escritor inmortal. Se leerá, se traducirá a otras lenguas, y el espantoso pathos que contiene esta obra hará temblar.”

Dice, a modo de definición:

“La fe es un milagro del que, sin embargo, nadie está excluido, pues toda existencia humana encuentra su unidad en la pasión, y la fe es una pasión.”

En esa palabra “existencia” quizás radica la clave para entender a Kierkegaard. En franca oposición al racionalismo hegeliano, el pensador danés acentúa lo único que sabe: no la esencia sino la existencia concreta de su vida en la tierra. Es por eso que, posteriormente, los filósofos y teólogos lo han considerado el padre del existencialismo moderno. En efecto, Kierkegaard influye en filósofos como Martin Heidegger, Jean-Paul Sartre y Karl Jaspers y en teólogos como Karl Barth, Emil Brunner y Paul Tillich. Podríamos decir que no sería posible entender el comentario de Karl Barth a la carta a los Romanos sin haber leído previamente a Kierkegaard.  Sólo para tener una idea de la importancia de Kierkegaard, citemos la frase de Jaspers:

Tal vez todo aquel que no se abre a Kierkegaard o que un buen día lo considere liquidado, permanece hoy pobre e inconsciente. No sabemos lo que es, pero en todo caso es la voz moderna que nos conduce a la suprema lucidez y nos hace sentir la máxima indigencia.

La revista Teología y cultura (www.teologos.com.ar) está preparando el número de este año, dedicado exclusivamente al pensamiento de Sören Kierkegaard, con artículos de especialistas tanto del campo filosófico como del teológico. Porque, es bueno recordarlo, él mismo en su obra Mi punto de vista, se define como tal cuando dice:

Soy y he sido un escritor religioso, que la totalidad de mi trabajo como escritor se relaciona con el cristianismo, con el problema de “llegar a ser cristiano”.

 

Alberto F. Roldán

Buenos Aires, 4 de mayo de 2013

 

miércoles, 1 de mayo de 2013

Reflexión en el día de trabajo




"Dios no le dijo al hombre al crearlo: "Mira el cielo y piensa en mi", sino: "llena la tierra y gobiérnala." Dios le fija al hombre el mundo y la humanidad como el ámbito primordial de su interés y de su tarea. Como cristianos, por lo tanto, no podemos sino participar de la alegría y del entusiasmo de este mundo moderno que toma con energía la vocación terrenal.
Nadie que haya escuchado con atención el mensaje bíblico puede soñar con un retorno al embeleso del más allá, a la obsesión con lo divino o lo demoníaco, a la renuncia a comprender, dominar y transformar el mundo. Renunciar a la vocación terrenal es renunciar a la vocación divina."

José Míguez Bonino, Espacio para ser hombres, pp. 32-33

viernes, 29 de marzo de 2013

AL PIE DE LA CRUZ...

AL PIE DE LA CRUZ: DIOS SE SACRIFICÓ POR LA HUMANIDAD SUFRIENTE
Leopoldo Cervantes-Ortiz
29 de marzo, 2013
Para Alberto F. Roldán, con afecto y profunda empatía
Precisamente a eso han sido llamados: a seguir las huellas de Cristo, que padeciendo por ustedes, les dejó un modelo que imitar: Cristo, que ni cometió pecado ni se encontró mentira en sus labios. Cuando lo injuriaban, no respondía con injurias, sino que sufría sin amenazar y se ponía en manos de Dios, que juzga con justicia. Cargando sobre sí nuestros pecados, los llevó hasta el madero para que nosotros muramos al pecado y vivamos con toda rectitud. Han sido, pues, sanados a costa de sus heridas…
I Pedro 1.21-24
El anti-Evangelio: las palabras de sus enemigos y verdugos
El evangelista Lucas no se ahorra ni nos ahorra las palabras de los enemigos y verdugos de Jesús, por el contrario, las consigna y con ello es posible contrastar el vigor de la actuación de Jesús, la pasividad de sus seguidores (Pedro entre ellos, “Pero todos los que conocían a Jesús… se quedaron allí, mirándolo todo de lejos”, v. 49) y la fidelidad de las mujeres al pie de la cruz (“numerosas mujeres que lloraban y se lamentaban por él”, v. 27b; “y las mujeres que lo habían acompañado desde Galilea, se quedaron allí, mirándolo todo de lejos.”, v. 49). El pueblo, amorfo, acompañó todo como un testigo entre curioso, incrédulo y morboso (“Lo acompañaba mucha gente del pueblo”, v. 27a; “La gente estaba allí mirando”, v. 35a).
Desde el principio, los falsos acusadores sueltan su veneno: “Hemos comprobado que este anda alborotando a nuestra nación. Se opone a que se pague el tributo al emperador y, además, afirma que es el rey Mesías” (v. 1); “Con sus enseñanzas está alterando el orden público en toda Judea. Empezó en Galilea y ahora continúa aquí” (v. 5). Y aparece la multitud, enardecida y ciega, varias veces:“¡Quítanos de en medio a ese y suéltanos a Barrabás!”, “¡Crucifícalo! ¡Crucifícalo!” (vv. 18b, 19b). Luego, las autoridades religiosas: “Puesto que ha salvado a otros, que se salve a sí mismo si de veras es el Mesías, el elegido de Dios” (v. 35b). Los soldados se unieron a este coro fatuo: “Si tú eres el rey de los judíos, sálvate a ti mismo” (v. 37). Y uno de los criminales al lado suyo, hizo lo propio, insultándolo: “¿No eres tú el Mesías? ¡Pues sálvate a ti mismo y sálvanos a nosotros!” (v. 38b). Todo ello agravaba la ignominia, la hacía más insoportable y el drama crecía inexorablemente.
Las palabras del otro compañero de Jesús en la cruz
Como contrapeso, el otro criminal colgado y crucificado increpa al tercero y le pregunta: “¿Es que no temes a Dios, tú que estás condenado al mismo castigo?”, para luego afirmarle: “Nosotros estamos pagando justamente los crímenes que hemos cometido, pero este no ha hecho nada malo”. Y finalmente, se dirige a Jesús en un clamor desesperado y urgente, toda una súplica de fe para salvación: “Jesús, acuérdate de mí cuando vengas como rey”. (vv. 40b-42). J.L. Borges, atento lector del Evangelio, plasmó este momento en unos versos magníficos y propuso una sensible interpretación:
Lucas, XXIII
Gentil o hebreo o simplemente un hombre
cuya cara en el tiempo se ha perdido;
ya no rescataremos del olvido
las silenciosas letras de su nombre.
Supo de la clemencia lo que puede
saber un bandolero que Judea
clava a una cruz. Del tiempo que antecede
nada alcanzamos hoy. En su tarea
última de morir crucificado
oyó, entre los escarnios de la gente,
que el que estaba muriéndose a su lado
era Dios y le dijo ciegamente:
Acuérdate de mí cuando vinieres
a tu reino, y la voz inconcebible
que un día juzgará a todos los seres
le prometió desde la Cruz terrible
el Paraíso. Nada más dijeron
hasta que vino el fin, pero la historia
no dejará que muera la memoria
de aquella tarde en que los dos murieron.
Oh amigos, la inocencia de este amigo
de Jesucristo, ese candor que hizo
que pidiera y ganara el Paraíso
desde las ignominias del castigo,
era el que tantas veces al pecado
lo arrojó y al azar ensangrentado.[1]
Las palabras del Mesías y mártir liberador
Al ver a las mujeres que lo acompañaban en el viacrucis más cerca que nadie, Jesús se dirige a ellas para consolarlas y anunciar la actuación de Roma contra el pueblo, citando al profeta Oseas y sin dejar de referirse a sí mismo, en un lenguaje apocalíptico: “Mujeres de Jerusalén, no lloren por mí; lloren, más bien, por ustedes mismas y por sus hijos. Porque vienen días en que se dirá: ‘¡Felices las estériles, los vientres que no concibieron y los pechos que no amamantaron!’.La gente comenzará entonces a decir a las montañas: ‘¡Caigan sobre nosotros!’; y a las colinas: ‘Sepúltennos!’. Porque si al árbol verde le hacen esto, ¿qué no le harán al seco?” (vv. 28-31). “Jesús emite una severa advertencia para que los habitantes de Jerusalén se arrepintieran de su rechazo a él, justo e inocente, el profeta de Dios. De no hacerlo, el castigo de Dios caería sobre ellos. Sin embargo, como muestra el modelo del profeta rechazado, el castigo no es la última palabra de Dios para su pueblo. En 23.34a, como en las predicaciones de Hechos, mostrará Lucas que Dios extiende de nuevo el ofrecimiento del perdón a quienes habían rechazado a Jesús”.[2]
En efecto, Jesús, ya crucificado, se dirige al Padre para pedir el perdón para quienes “no saben lo que hacen”, una oración congruente con sus enseñanzas (exclusiva de Lucas) pues, como sugiere en ese momento el Maestro, ¡Dios podrá perdonar incluso el crimen de su Hijo! Nada menos. “Esta oración de Jesús es parte esencial de la teología lucana del profeta rechazado y de un Jesús que enseña y pone en obra el amor a los enemigos (6.27-28; 17.4). […] Jesús, que había venido a llamar al arrepentimiento a los pecadores, continúa su ministerio hasta el final” (Idem). A continuación, al escuchar las palabras del malhechor arrepentido, Jesús emitirá un juicio definitivo para él: “Te aseguro que hoy estarás conmigo en el paraíso” (v. 43), con lo que garantiza su cercanía salvífica para aquel hombre que se ha convertido in extremis: “Es una absolución emitida por aquel que ha sido ‘establecido por Dios para ser juez de vivos y muertos’” (Idem). Escuchar esas palabras en la mismísima cruz es testimonio de una salvación rotunda y consecuente con el mensaje de Jesús.
Por último, Jesús exclama, repitiendo las palabras del salmo 31: “Padre, en tus manos encomiendo [pongo] mi espíritu” (v. 46b). Es la oración de un justo que sufre inocentemente y que se entrega totalmente a los designios de su Padre luego de beber, íntegro, el cáliz del sufrimiento, el dolor y el abandono. A diferencia de Marcos y Mateo, quienes consignan el grito d abandono del salmo 22, Lucas presenta una visión un tanto más serena, aunque sin disminuir la dimensión trágica del hecho en su contexto completo. Aun así, Jesús no muere como un filósofo que pide con estoicismo y serenidad el veneno que merece: su muerte es consecuencia de un complot humano contra la justicia de Dios ejecutado sádicamente por los poderes religiosos y m militares en contubernio. No es una muerte venial ni complaciente: es Dios mismo quien padece en la cruz y se sacrifica por la humanidad sufriente. La muerte paradójica del Hijo de Dios por manos humanas es el signo mayor de la salvación que pudo ofrecer el creado y sustentador del cosmos entero. Éstas son pues las únicas dos frases de Jesús en la cruz según este evangelio de Lucas.
Y entonces surge la palabra evangélica de un verdugo romano, que alaba a Dios y exclama, desde una fe inédita que da testimonio de la verdad: “¡Seguro que este hombre era inocente!” (v. 47b). ¿Acaso el afán propagandístico de Lucas lo lleva a congraciarse con el imperio como han sugerido algunos? ¿O más bien el impacto de la cruz golpea a este militar extranjero e indiferente que cumple su labor y lo convence de la verdad salvífica que estaba presenciando? ¿Es un no judío que se convence de la verdad redentora de la cruz en el momento supremo de la entrega del Hijo de Dios? ¿O todo al mismo tiempo? Testigo del poder extraordinario de la debilidad de un hombre inocente que muere para redimir a la humanidad, el soldado romano absuelve de golpe a Jesús y contradice a todos sus enemigos. Se pasa de su lado y confirma que la comprensión de la historia de la salvación no es sólo patrimonio de lo judíos sino que se abre a toda la humanidad receptiva y atenta. El oficial del ejército invasor percibe cómo “el poder y la misericordia de Dios, para beneficio de los seres humanos, acontecen en la muerte de un ser desprovisto de todo poder” (Ibid., p. 199). La inocencia de Jesús es afirmada, contradictoriamente, por un representante del imperio que lo ha asesinado cruelmente.
Las palabras del ya apóstol Pedro
Pedro aprendió la lección desde lejos y en silencio. En la pasividad de su lejanía en los momentos determinantes de la cruz, Pedro el discípulo caminaba lenta, muy lentamente, hacia su nuevo oficio, el de apóstol, con el que más tarde predicaría autorizadamente en la misma ciudad de Jerusalén con palabras que quizá nunca imaginó, pero que hablarían de la fe que recompuso su vocación, pues parece que se trata de otra persona. En Hch 2.14-36 predicaría el “sermón pentecostal” que sigue toda la línea de Lc 23. Primero citará la profecía de Joel sobre la venida del Espíritu, luego expondrá la persona de Jesús nazareno y resumirá inicialmente el mensaje: “...el hombre a quien Dios avaló ante ustedes con los milagros, prodigios y señales que, como bien saben, Dios realizó entre ustedes a través de Jesús. Dios lo entregó conforme a un plan proyectado y conocido de antemano, y ustedes, valiéndose de no creyentes, lo clavaron en una cruz y lo mataron. Pero Dios lo ha resucitado, librándolo de las garras de la muerte” (vv. 22-24). Lo conecta con la genealogía de David ligándolo con el tema de la ascensión y vuelve a la carga: “Pues bien, a este, que es Jesús, Dios lo ha resucitado, y todos nosotros somos testigos de ello. El poder de Dios lo ha exaltado y él, habiendo recibido del Padre el Espíritu Santo prometido, lo ha repartido en abundancia, como ustedes están viendo y oyendo. […] Por consiguiente, sepa con seguridad todo Israel que Dios ha constituido Señor y Mesías a este mismo Jesús a quien ustedes han crucificado.” (vv. 32-33, 36). ¡Ya es un apóstol de Jesucristo consumado! ¡Y moriría casi como su Señor, en una cruz invertida! El proceso se cumpliría completamente y el anuncio de la vida, muerte y resurrección de Jesús cobraría toda su vigencia en las palabras de su epístola, donde remite al ejemplo portentoso del Señor, quien sin abrir la boca para injuriar a sus enemigos, se entregó por cada uno de nosotros en un día como el que recordamos hoy: Jesús “sufría sin amenazar y se ponía en manos de Dios, que juzga con justicia. Cargando sobre sí nuestros pecados, los llevó hasta el madero para que nosotros muramos al pecado y vivamos con toda rectitud. Han sido, pues, sanados a costa de sus heridas…”. Amén y amén.
Concluyo con el poema de mi amigo Alberto F. Roldán, escritas este viernes santo en la madrugada, en la ciudad de Buenos Aires, y que me envió amablemente hace unas cuantas horas:
¿Por qué murió Jesús?
La pregunta taladra mi mente,
agudiza mi ingenio,
estremece mi sentimiento.
El dolor del pálido Nazareno
rechazado por su pueblo,
negado por Pedro,
traicionado por Judas.
Pende su cuerpo sobre el madero romano,
es azotado y escupido.
No ofrece resistencia.
¿Por qué murió Jesús?
La pregunta sigue
martillando mi cabeza.
El establishmentreligioso
le tiende una trampa,
pronuncia la blasfemia intolerable:
es un mero hombre y se proclama Dios.
Los romanos lo consideraron subversivo:
¡el Imperio no tolera otro César!
¿Por qué murió Jesús?
La respuesta de San Pablo
surge desde la penumbra:
“Cristo murió por mí”.
Acaso allí esté la clave del enigma
que exige mi fe y mi entrega
más allá de las dudas
que seguirán carcomiendo mi conciencia.[3]
Ramos Mejía, Viernes de pasión, 29 de marzo de 2013. 4.20 hrs.


[1] J.L. Borges, “Lucas, XXIII”, en El hacedor (1960), Obra póética 1923-1977. 6ª ed. Madrid-Buenos Aires, Alianza Editorial-Losada, 1990, pp. 157-158.
[2] Robert J. Karris, “Evangelio de Lucas”, en E. Brown, J.A. Fitzmyer y R.E. Murphy, eds., Nuevo comentario bíblico San Jerónimo. Nuevo Testamento y artículos temáticos. Estella, Navarra, 2004, pp. 197-198.
[3] A.F. Roldán, “¿Por qué murió Jesús?”, en el blog Teología, política y sociedad, http://teologiapoliticaysociedad.blogspot.mx/2013/03/por-que-murio-jesus.html?spref=fb.
Mi entrañable amigo, el teólogo y poeta mexicano Leopoldo Cervantes-Ortiz ha escrito este magnífico texto de viernes santo en México DF. Le agradezco infinitamente la amabilidad de dedicármelo e incluir mi poema elaborado en este mismo día en la Argentina. Esta una auténtica y generosa retroalimentación o, si prefieren, un verdadero feedback.
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