sábado, 30 de junio de 2012

Mundo Faulkner: entrada sin salida

El 6 de julio próximo se cumplen 50 años de la muerte de William Faulkner. El gran escritor estadounidense que recibió el premio Nobel de literatura en 1949 y que marcó un estilo de narración tan ponderado por Jorge Luis Borges al punto de considerarlo el más grande narrador del siglo XX. Faulkner fue el artífice de un estilo de narración que influyó, decididamente, en nuestros autores latinoamericanos como Gabriel García Márquez, Mario Vargas Llosa y, sobre todo, Juan Carlos Onetti, el uruguayo que sin ambages, en ocasiones directamente copia al maestro americano. En una enjundiosa nota del día de hoy aparecida en la revista Ñ, Márgara Averbach dice: “Yo entré al mundo Faulkner a los catorce años. Apenas di un paso en ese universo, sentí que jamás podría abandonarlo. Las historias de pueblo chico, la voz barroca, envolvente; los personajes inolvidables, los hechos que rigen todo y jamás se dicen, todo me atrapó de tal manera que seis meses después, me prohibí la lectura durante un año: me había dado cuenta de que esa escritura se había colado en la mía y la dominaba.” Entrar en el mundo Faulkner es ser atrapado por una narración de hechos que suceden en tiempos diferentes y en lugares ficticios como Yoknapatawpha, lugar del cual, no sin humor, Faulkner se declara su “único dueño y propietario”. Entrar en ese mundo es situarse en la maraña interminable de adjetivos que rodean al sustantivo y cuya descripción se torna infinita. Coincido con Averbach cuando al final de su texto se pregunta si tiene sentido no poder salir del mundo faulkneriano: “una vez que se entra en Yoknapatawpha es muy difícil encontrar la salida. Y por otra parte, ¿para qué buscarla si en el fondo uno no quiere irse, si todavía queda demasiado por explorar?”

martes, 26 de junio de 2012

FAIE : a favor de la igualdad y contra la discriminación

Por la igualdad, la ampliación de derechos y contra la discriminación Sobre la Reforma al Código Civil y su significación en el ámbito religioso. Al presentar el proyecto de Reforma al Código Civil y Comercial (RCCC), la Presidenta de la Nación, Dra Cristina Fernández de Kirchner destacó la intención de asegurar la igualdad a todos los habitantes de la Nación, enfatizando: “…el sesgo de la libertad e igualdad que es lo que campea en toda nuestra Constitución …asegurar la libertad y la dignidad de las personas para elegir su forma de vida”. La ampliación de derechos y la lucha contra toda forma de discriminación, son los principios que motivan esta reforma. Como instituciones religiosas y organizaciones civiles claramente comprometidos con la libertad e igualdad, celebramos el camino emprendido, tal como lo hemos expresado al apoyar cada lucha contra la discriminación racial, de género, étnica o los prejuicios sufridos por los pueblos originarios. El establecimiento de diferencias, y menos aun de privilegios, basados en filiación religiosa o creencias, son contrarios tanto a la fe que profesamos como a los principios filosóficos y jurídicos que animan esta reforma legislativa. Consideramos que para avanzar hacia la libertad e igualdad, pilares fundamentales para un Estado Constitucional, Social, Democrático y de Derecho, el presente proyecto de RCCC debe incluir el reconocimiento a la diversidad de las expresiones y comunidades de la fe que alberga nuestro pueblo, a su especificidad y funcionamiento. En esta materia subsisten instituciones discriminatorias creadas por gobiernos de facto, como la Ley de Registro de Cultos (ley 21.745), establecida por la última dictadura cívico-militar, cuya derogación reclamamos. Por otro lado durante el gobierno de Juan Carlos Onganía se introdujo el reconocimiento de la Iglesia Católica como persona pública -que se prolonga en el actual proyecto. Ello genera desigualdad frente a las demás confesiones, credos y creencias, tanto a nivel institucional, como de sus ministros y de sus creyentes, perjudicando a la cuarta parte del pueblo argentino que abraza otras creencias o ninguna1. Coincidimos con nuestra Presidenta Cristina Fernández de Kirchner cuando afirmó que necesitamos “tener instrumentos que les sirvan a todos los hombres y a todas las mujeres cualquiera sea el Dios al que le rece o aún cuando no tenga ningún dios para quien hacerlo.” Si la RCCC busca superar institutos desactualizados, desigualdades injustificables y restricciones a la plena libertad de los ciudadanos, esta es una buena oportunidad para corregir también este asunto. Si la Iglesia Católica deja de ser una persona pública, y debe acogerse a las mismas obligaciones y derechos de las otras entidades religiosas, quedará en evidencia la arbitrariedad que significa imponer a las instituciones religiosas las pautas y criterios que rigen a las asociaciones civiles creadas para otros fines. Sostenemos que deberá buscarse una legislación consensuada adecuada a las funciones y responsabilidades propias de lo religioso. Y ello redundará en beneficio de todas las personas y credos por igual. Nos inspira un espíritu ecuménico y de diálogo que propicia la igualdad de las condiciones de todos los participantes. Las asimetrías jurídicas, los privilegios consentidos por el estado y las diferencias legales afectan claramente la posibilidad de un diálogo que asegure a todos los participantes una plena libertad frente a si mismos, frente a los demás y frente al estado que, imparcialmente, debe contenernos a todos por igual. Federación Argentina de Iglesia Evangélicas 25 de Junio de 2012 1 Datos de la PRIMERA ENCUESTA SOBRE CREENCIAS Y ACTITUDES RELIGIOSAS EN ARGENTINA, accesible en http://www.culto.gov.ar/encuestareligion.pdf

martes, 5 de junio de 2012

Un homenaje al maestro Onetti

Estuvo, como se ha dicho, dos semanas después en el atrio, al final de la misa, ofreciendo con un gesto tímido el ramo de primeras violetas que sostenía contra el pecho; estuvo allí, en el mediodía de un domingo, segregando, sin defenderse, el ridículo, rígido y tranquilo, engordando sin prisa en el interior del abrigo oscuro y entallado, indiferente, sol, abandonándose como una estatua a las miradas, a la intemperie, a los pájaros, a las palabras despectivas que nunca le repetirían en la cara. Esto fue en junio, por San Juan, cuando la hija de Petrus, Angélica Inés, estuvo viviendo unos días en Santa Marta, en cada de unos parientes, cerca de la Colonia. Juan Carlos Onetti, EL ASTILLERO, “La glorieta”, cap. I. Del llamado boom latinoamericano, el uruguayo Juan Carlos Onetti es, quizás, el menos frecuentado. Todos asocian ese boom a los nombres de Gabriel García Márquez, Julio Cortázar, Mario Vargas Llosa y Carlos Fuentes. Sólo quienes se dedican al oficio de la narrativa latinoamericana saben quien fue Onetti y admiran su obra. Todos ellos, han admitido la fuerte influencia del escritor americano William Faulkner, de quien Jorge L. Borges decía: “Es verosímil la afirmación de que William Faulkner es el primer novelista de nuestro tiempo.” Entre las características “copiadas” de Faulkner por los escritores latinoamericano se destacan la invención de un lugar inexistente geográficamente. Para Faulkner, “Yoknapatawpha”, para García Márquez, “Macondo”, para Onetti “Santa María”. Y, la segunda característica, es que tanto Faulkner como los latinoamericanos escriben desde un lugar de derrota y división: una tierra dividida. Con nuestra pasión intacta por reivindicar a los ignorados de la historia, en este caso literaria, ¡honor al gran maestro uruguayo! Alberto F. Roldán Ramos Mejía, 5 de junio de 2012

martes, 15 de mayo de 2012

"La muerte nos desafía a pensar." Carlos Fuentes

Hoy, 15 de mayo de 2012, ha fallecido Carlos Fuentes. El gran escritor mexicano había nacido en Panamá pero adoptó la ciudadanía mexicana, pues era hijo de un diplomático de ese país, circunstancia que lo llevó a vivir en ciudades como Montevideo, Santiago de Chile y Buenos Aires. Desde muy niño cultivó su afición por las letras ya que, según cuenta en una entrevista, a los siete años, en Washington, escribía una revista con noticias y dibujos a lápiz que hacía circular entre varios apartamentos del edificio donde vivía con su familia. Su influencia estilística debe en gran parte a William Faulkner, de quien Borges decía que era el más importante novelista del siglo XX. Casi no hay novela donde no se refleje esa influencia que, dicho sea de paso, marcó el estilo de muchos novelistas latinoamericanos. Sólo por citar algunos: Gabriel García Márquez, Mario Vargas Llosa y, sobre todo, Juan Carlos Onetti. Veamos un párrafo que muestra esa influencia: “Franz metió el freno de mano y bajó del auto. El viejo se quitó el sombrero deshebrado – un sombrero de copa chata y alas planas, que alguna vez debió ser blanco y ahora estaba lleno de rayas amarillas y negras- y lo detuvo, con las dos manos sobre el vientre. Franz había dejado el motor encedido y el auto temblaba, tosía, y desde adentro tú viste a Franz dirigirse al viejo y Javier e Isabel también, pero no lo escucharon porque el motor temblaba y Franz llegó hasta el viejo.” (Cambio de piel, Buenos Aires: Suma de letras, 2001, p. 189). ¿Qué pensaba Carlos Fuentes sobre la vida, la muerte y Jesucristo? En una entrevista reconoce la influencia del protestantismo y, sobre todo, el calvinismo. Cuando se le pregunta cuál es su método para escribir, dice: “Tengo un defecto puritano y calvinista, porque soy un mexicano criado en los Estados Unidos, en regiones muy protestantes donde el sentido del deber es el del pecado. Si no trabaja uno todos los días, se va al infierno. Yo no puedo estar tranquilo en una hamaca bajo un cocotero. Tengo que cumplir con mi deber. Tengo que escribir. Entonces lo hago todos los días, entre siete y uno, y ya estoy tranquilo con mi conciencia protestante.” (Jorge F. Hernández, Carlos Fuentes: territorios del tiempo, México: FCE, 1999, pp. 171-172). En un libro de confesiones titulado En esto creo, Fuentes rescata la figura de Jesucristo. Para él, lo importante radica en que siendo Jesús un personaje que nace en la oscuridad y el anonimato, sin embargo llega a ser un símbolo universal de salvación. Explica: “… ni los Evangelios, ni San Pablo, ni la mismísima Iglesia cristiana, puede arrebatarle a Jesús su condición de hombre humilde, desprovisto de poder, desnudo de lujos, que gracias a su humildad y pobreza, se convierte en el más poderoso símbolo de la salvación humana.” (Carlos Fuentes, En esto creo, Buenos Aires: Planeta, 2002, p. 150). Hoy, la muerte llegó para Carlos Fuentes. El gran escritor y ensayista mexicano que también reflexionaba sobre esa realidad humana inexorable, decía al respecto: “La muerte se ríe de nosotros. Nos desafía a pensar, no en la muerte del otro, sino en la propia desaparición. Nos reta a creer que la memoria de los que sobreviven será nuestra única vida más allá de la muerte.” (Ibid, p. 186). Y es así. Porque, aunque la muerte llegó a Carlos Fuentes a pocos días de haber participado en la Feria del Libro de Buenos Aires y le acaeció en un Hospital de México, su persona sobrevive entre nosotros a través de narraciones insuperables como: La región más transparente, La muerte de Artemio Cruz, Cambio de piel, Terra nostra, Zona sagrada, Aura y Gringo Viejo. Desde su magnífica obra, Carlos Fuentes sigue entre nosotros y nos desafía a pensar nuestra realidad latinoamericana. Alberto F. Roldán

lunes, 14 de mayo de 2012

CREDO DE LOS INMIGRANTES

Creo en Dios Todopoderoso, quien guió a su pueblo en el exilio y en el éxodo, el Dios de José en Egipto y de Daniel en Babilonia, el Dios de los extranjeros e inmigrantes. Creo en Jesús Cristo un desplazado de Galilea, quien nació lejos de su gente de su casa, quien tuvo que huir del país con sus padres cuando su vida estuvo en peligro, y quien al volver a su propio país tuvo que sufrir la opresión del tirano Poncio Pilato, el sirviente de un potencia extranjera. Fue perseguido, golpeado, torturado y finalmente acusado y condenado a muerte injustamente. Pero que en el tercer día, este Jesús rechazado resucitó de la muerte, no como un extranjero sino para ofrecernos la ciudadanía celestial. Creo en el Espíritu Santo, el inmigrante eterno del Reino de Dios entre nosotros/as, quien habla todos los idiomas, vive en todos los países y une a todas la razas. Creo que la Iglesia es el hogar seguro para todos los extranjeros y creyentes que la constituyen, que habla el mismo idioma y tiene el mismo propósito. Creo que la comunión de los santos comienza cuando aceptamos la diversidad de los/as santos/as. Creo en el perdón, el cuál nos hace iguales y en la reconciliación, que nos identifica más que una raza, lenguaje o nacionalidad. Creo que en la resurrección, Dios nos une como un pueblo en el cual todos somos distintos e iguales al mismo tiempo. Creo en la vida eterna más allá de este mundo, donde ninguno será inmigrante sino que todos seremos ciudadanos/as del Reino de Dios que no tiene fin. Amén. Credo escrito por José Luis Casal, Misionero General Presbiterio Tres Ríos, Iglesia Presbiteriana (U.S.A.). Traducción de Lilia Ramírez. Tomado de Red de Liturgia del CLAI.

sábado, 12 de mayo de 2012

Libertad bajo palabra

Allá, donde terminan las fronteras, los caminos se borran. Donde empieza el silencio. Avanzo lentamente y pueblo la noche de estrellas, de palabras, de la respiración de un agua remota que me espera donde comienza el alba. Octavio Paz

viernes, 4 de mayo de 2012

El pluralismo: desafío para las iglesias

En un reciente informe transmitido por la agencia de noticias ALC, se informaba lo siguiente: “Un nutrido grupo de sacerdotes austríacos, que el pasado verano europeo llevaron a cabo una ´”llamada a la desobediencia”, movilizándose en favor del celibato opcional y de la plena participación de mujeres y laicos en la Eucaristía, provocando la conmoción en el centro de Europa, han vuelto a emitir un manifiesto en el que protestan por una Iglesia más creíble.” Entre las cosas que estos sacerdotes cuestionan, se mencionan el cierre de parroquias por no contar con sacerdotes, la excesiva cantidad de homilías y servicios que se convierten en rituales mecánicos y superficiales y la dureza con que son tratadas las personas divorciadas que se atreven a volver a casarse y a sacerdotes que, rompiendo con el celibato, han optado por establecer una relación de pareja. Más allá de que cada uno de los hechos señalados requeriría un tratamiento particular y minucioso, el pronunciamiento de estos sacerdotes de Austria nos conduce a reflexionar sobre el modo de ser Iglesia de Cristo hoy. Si entendemos que la encarnación no sólo es un hecho histórico que acaeció en Jesucristo, la Iglesia, su cuerpo según la rotunda metáfora paulina, también debe asumir su condición humana, es decir, encarnarse. La encarnación implica que ella vive en una historia humana de tiempo y espacio con todas las limitaciones que ello supone. Y, también, significa que debe estar atenta a lo que Jesús mismo instó cuando habló de interpretar “los signos de los tiempos.” Si hay algo que caracteriza nuestro tiempo, desde el fin del siglo XX y lo que va del XXI, es que las sociedades han cambiado. Y esos cambios implican diversidad de pensamientos, de ideas y de prácticas a las cuales las iglesias no siempre son proclives a reconocer. En este sentido, habría que recordar que la encarnación significa, en otros términos, la secularización. Esta palabra, que procede del latín sécula, significa “siglo”, “edad”, “mundo”. De alguna manera podemos decir con Gianni Vattimo que “la encarnación de Jesús es, en sí misma, ante todo, un hecho arquetípico de secularización.” Como hecho arquetípico, Jesús de Nazaret, el Verbo encarnado, sigue siendo el modelo de acción cristiana en el mundo. Si Él se encarnó, la Iglesia también debe encarnarse, lo cual implica reconocer sus propias limitaciones humanas, su fragilidad y su temporalidad. Ella existe para dar testimonio de la Verdad, que es Jesucristo. Y no sólo dar testimonio de Él en palabras, sino sobre todo dar testimonio en acciones redentoras. La Iglesia debe acompañar a los que sufren, ser solidaria con los desposeídos, pronunciarse a favor de los que son víctimas de injusticia y de violencia. Debe dejar de asumir posiciones jerárquicas y optar por actitudes de servicio. Porque, como dice Wolfhart Pannenberg: “Toda interpretación de la iglesia que no tenga en cuenta, desde un principio, su relación con el contexto vital del mundo, un contexto que le trasciende y abarca, es unilateral.” En un tiempo en que las sociedades humanas reconocen la importancia del diálogo y optan por el pluralismo, las iglesias están llamadas a ser modelos de esas actitudes y abandonar posiciones irreductibles y condenatorias. Claro que esto implica una conversión de las propias iglesias. En otras palabras, como dicen también los sacerdotes austríacos, se trata de buscar una Iglesia que escuche y dialogue. Este desafío implica también la búsqueda de una nueva reforma (la palabra “reforma” aparece en el documento de referencia) que atañe no sólo a la Iglesia católica sino que incluye a las iglesias que, procedentes de la Reforma, han asumido, quizás inconscientemente, actitudes similares a las señaladas por los sacerdotes de Austria. Iglesias estas últimas, para las cuales la expresión Ecclesia Reformata semper reformanda no ha dejado de ser un mero slogan carente de concreciones palpables. En síntesis: el pluralismo, que es el talante que caracteriza a las sociedades bien o mal denominadas “posmodernas” , es el gran desafío para las iglesias de hoy que están llamadas a ser más humildes, más comprensivas y, sobre todo, más humanas. FUENTES CITADAS: Los "curas rebeldes" austríacos reclaman a la Iglesia la inclusión de los divorciados, gays y sacerdotes casados”. ALC Noticias, 6 de marzo de 2012. 2 Gianni Vattimo, Después de la cristiandad. Por un cristianismo no religioso, Buenos Aires: Paidós, 2004, p. 85 3 Wolhart Pannenberg, Teología y Reino de Dios, Salamanca: Sígueme, 1974, p. 43. 4 Para una reflexión sobre los vínculos entre posmodernidad e Iglesia véase Alberto F. Roldán, “La Iglesia frente a los desafíos de la posmodernidad y el pluralismo”, Cuadernos de teología, Buenos Aires: Instituto Universitario Isedet, 2001, vol. XX, pp. 191-210. Alberto F. Roldán es doctor en teología por el Instituto Universitario Isedet y master en ciencias sociales y humanidades (filosofía política) por la Universidad Nacional de Quilmes. Escritor. Director de la revista Teología y cultura: www.teologos.com.ar